lunes, 17 de diciembre de 2012

De tener chistes internos

He tenido muchos trabajos desde que quise ganar mi propio dinero o me vi en la necesidad de ganarlo. 
Han sido tan distintos, que siento que intento robarle a Cantinflas el récord de la cantidad de empleos distintos según sus películas. Me falta ser sacerdote, barrendero y bolerito. 
En la mayoría de trabajos, por no decir en todos, me he sentido fuera de lugar.
Trabajé para un veterinario que había estudiado en Brasil y cada vez que hablábamos de política me contaba su proyección de ser Ministro de Agricultura una vez la izquierda ganara las elecciones. Años después, efectivamente entró a la política. Pero la gente de un municipio de Morazán no confió en él y perdió la alcaldía.
Trabajé también en la Defensoría del Consumidor, como parte del proyecto de mis horas sociales. La idea era que hiciéramos inspecciones aleatorias a supermercados. Hicimos varias y desde entonces me fijo en toda fecha de vencimiento. Ni se imaginan todo lo que uno se encuentra. 
Fue en ese mismo trabajo en el que recibimos una casi puteada del famoso propietario con ínfulas de cantante, de un mega supermercado que ahora creo que desaparece o al menos está en camino de.
El siguiente fue lo de las charlas en el Bajo Lempa en las que me decían que en el pueblo debía tener cuidado para que no me asociaran ni con el gobierno ni con los partidos. Llegué y traté de ayudar. Un fracaso a la cuenta.
Luego encuesté y eso significó recorrer casi todos los departamentos del país y despertar a las 2:30 a veces para poder irnos a Oriente. Valió la pena.
Pero nada,ni estar en la Cámara Penal en los juzgados, me regaló tan buen humor como el trabajo en el que estoy ahora.
Acá se han inventado hashtag que ya son míticos:
#PajasNiñaLupe. Acompañado de todo un chiste que no cualquiera entiende.
#NoSeásLocoPikachú. Otro chiste interno. Se lo contamos a alguien más y no lo capta.
#TranquiloChiquisaurio. Uno que salió de la nada, pero que sigue sin ser comprendido por mucha gente.

2012 fue un buen año para trabajar. Sobre todo ahí. 

Pero la primera Regla del MKT Team es no andar contando tan fácil nuestros chistes internos.

2013 traerá más chistes internos. Un año después haré recopilación con explicaciones.
Mientras tanto, ha sido bueno trabajar.

Mea Culpa Nº 22

Es una ley natural. 
Aunque lo intente de la manera más honesta, siempre tengo la culpa.
Que si digo algo para que alguien se sienta bien, lo toma a mal y se siente triste porque no lo dije completo.
Si actúo de forma honesta a mi personalidad, es decir racionalizándolo todo y sumiéndome en un mar de dudas como consecuencia, el problema es mío por haberme abonado a eso de la inseguridad.
Soy como una canción de Calamaro, "insoportablemente cruel". Y no es a propósito, aunque es lo de menos. Las acciones valen tanto como sus consecuencias, y no valen ni la mitad de los pensamientos que las motivan.
Eso es solo la mitad de lo que no me deja vivir. Seguir con la culpa colgándome de los hombros.
Aunque lo piense. Aunque sepa que no es mi culpa, la siento dentro como un alien queriendo salir porque ha terminado de comer lo que llevo por dentro. El alma, si es que creyera en eso.
Y ya no quiero.
Ya es suficiente. 
Me cansé de tener la culpa todo el tiempo, y lo que es peor, de merecer las culpas, y apocalíptico, que sea importante.
Me cansé. Asumo mis culpas y dejo los caminos sin recorrer.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Sueño 1417

Soñar que estás como espectador ante lo que parece ser una película de los ochenta.
No es difícil si te dormís temprano.
Pero mis sueños son lo más inexplicable. Y ayer soñé que el protagonista era mi papá.

La trama era sencilla:
Había una isla que se supone que estaba en lo más perdido del pacífico y se supone que se había perdido contacto con la "civilización." La gente sobrevivía de los pocos turistas que lograban llegar.
Lo que la gente no sabía era que mi papá era el que tenía un trato con la gente de una revista de turismo para mantener encubierta la ubicación de la isla. De esa forma, mi papá se llevaba todo el dinero de la llegada de los pocos turistas, que pagaban bien para poder llegar a la isla imposible.
En un momento de la película, descubren a mi papá y parte antes que lo linchen, en un inmenso barco que ya tenía preparado en caso de eventualidades como esa.
Pero el barco falla y queda a la deriva. 
Al final, mi papá queda solo en la inmensidad del mar sin poder comunicarse.
Ahh, sos grande Raúl Marín padre.

Debo dormir como la gente normal y evitar estos sueños.

Aún

Aún ahora me escribís y lo sabés.
Sabés que estoy aquí y que me cuesta entender el mundo años después.
Sabés que me siento muy poco preparado y a veces necesito una palabra para saber que aunque las cosas no estén bien o no parezcan estarlo, no necesito más que seguir creyendo que puedo. 
Es la paradoja de tener esperanza que aún existe la esperanza.
Aún ahora.
Pero ahora estás lejos y las esperanzas crecen más lentos.
Yo solo quería silbar y ser feliz. 





Home is wherever I'm with you

lunes, 3 de diciembre de 2012

¿Por qué odio a la gente?

Yo sé que lo misántropo, por más que me autodenomine, no se me da. Es que no puedo evitar que si me sacan plática, trato de poner mi mejor sonrisa y a poner atención, porque a TODOS nos gusta que nos escuchen. Es el secreto, el misterio peor guardado, de las relaciones humanas. 
Somos lo que somos por las relaciones sociales que entablamos. Y acá puede que esté mintiendo, porque no tengo la verdad absoluta. Tengo la verdad que percibo.
Pero en fin, odio a la gente. No a toda, ni todo el tiempo a la misma, pero los odio. Odio en lo que se convierten de vez en vez.
Odio infinitamente cuando vengo en el transporte de regreso del trabajo y la gente dice comentarios totalmente estúpidos, porque simplemente han tomado la decisión de no informarse. No hay decisión más idiota que la que no se documenta en nada. Los instintos, las emociones, muy fuertes pueden ser, pero informarse valida lo que sea. 
Odio igual, esos momentos en que tenés que soportar en las redes sociales, que la misma gente que decidiste seguir, leer o lo que se diga, decir estupideces de primera categoría porque simplemente les gusta lucirse y piensan que diciéndolas lo hacen. Nada más alejado de la realidad.
Odio, que la gente presuma y presuma de sus conocimientos, sobre todo cuando lo que presumen son cosas que están OBLIGADOS  a saber, ya sea por sus estudios, ya sea por cultura general, etc. Pinche cultura general, como si vivieras tan lejos.
Odio absolutamente que las opiniones de todos traten de ser las definitivas, absolutas o únicas. Lo detesto con lo que cualquiera diría que es el alma.
Odio inconmensurablemente que la gente pretenda. La gente que quiere presumir de sus cosas materiales, de su apariencia, de su intelecto. La gente se ha olvidado de como vivir. Solo pretende.
Odio la gente que se autodenomina: Intelectuales, Random, Astutos, Poetuiteros, Microcuentistas, Escritores, Novelistas de novela rosa, historiadores que solo han leído a Hobsbawn, lingüistas que se cortan las venas por Eco o Wittgenstein. Odio que la gente cite autores para justificar la idea más retorcida que tengan.
Me parece abominable que la gente trate de llevar la contraria solo porque si. Odio que si están hablando todos de fútbol, el que no lo hace los critica y se trata de poner mediante ello, muy por encima de los demás. Si tan brillante sos, no necesitás divulgarlo. La gente lo nota. O quizás no, pero no lo necesitás. Da igual. 
Y entre todas esas cosas, odio eternamente, que de cada característica, tengo un poco. 
Porque nunca vas a poder odiar a alguien que no tenga un poco de tu propia personalidad.
Los odio. 

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Lo importante

Imagínese que el volcán de San Salvador está por hacer erupción y usted tiene que salir huyendo de su casa porque, por esas bonitas jugadas de la vida a las que debería estar acostumbrado por ser salvadoreño, usted vive en las faldas del bendito monstruo que vigila su ciudad.
Imagine ahora que en cadena nacional, el señor presidente llama a evacuación inminente y ordenada (imposible dada la naturaleza salvadoreña), y no hay más remedio que escapar de la casa, para lo cual se da media hora máximo.
Esas cosas suceden. Y quizás deberían suceder más seguido. 
En ese momento te ves rodeado de todas las cosas que pueden o no tener sentido en tu vida. Y debés escapar. Y debés decidir qué te llevarás. Porque no hay tiempo. Debés escapar.
Podés sacar un pequeño maletín y llevar muy pocas cosas con vos.
¿Qué te vas a llevar?

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Hace 11 años, ese recordadísimo 13 de enero de 2001, mi familia se desesperó y entró en pánico en la noche por las constantes réplicas que, en retrospectiva habría sido maravilloso que acabaran con todo lo que luego se volvería este país, por la noche se sentían cada vez peor. 
Recuerdo que por la noche, todas las familias vecinas tomaron la decisión de dormir en semi acampada en el parque de la colonia. Y mi mamá dijo que debíamos tomar lo que consideráramos de valor y llevarlo en una pequeña mochila con nosotros esa noche que dormiríamos fuera.
Yo me llevé mis documentos, mis lentes, un radio, dos libros, y puros recuerdos que al final no me habrían servido de nada. Recuerdos que se podían vender, recuerdos que se podían vivir. Y todo lo que sigo conservando. Recuerdos. 

¿Usted qué se llevará?

jueves, 15 de noviembre de 2012

Autopintarse es una metáfora

Uno ve una película con la esperanza de que sea una historia sencilla a la que se le debe admirar la técnica y la música. Pocas cosas más.

 Y uno se equivoca. 
Le Tableau es una fantástica e inteligente película animada. Maravillosa. PODEROSA.
Uno la quiere ver de cualquier forma menos de la real. Una propuesta filosófica tremenda. 

 Tres momentos son imperdibles.

1) Los personajes de la pintura, que creen ser los únicos, se han dividido en tres tipos: Los Tout pin, terminados por el pintor, los Pas fini, aún sin terminar, y los Reuf, los bocetos sin siquiera color. Han dividido socialmente toda la vida dentro del cuadro de modo que los Tout pin esclavizan a los Reuf y no dejan a los Pas fini usar la comodidad del castillo, porque, como ellos lo han dicho: "El pintor nos ha abandonado. Debemos tomar el control." Y los Pas fini siguen en la esperanza de que llegue el pintor de nuevo. Hasta que un día se dan cuenta que no volverá y ellos deben tomar su destino en sus manos. 



2) Luego de pasear entre los cuadros, logran robar el suficiente color de las demás pinturas, y acaban con las diferencias coloreando a todos, Tout pins, Pas finis y Reufs. Es una auténtica revolución del color. 
3) Al final, Lola, personaje secundario extraído del cuadro principal en que se refiere la historia, sale de la pintura y llega a encontrarse con el pintor. Con el pintor real de carne y hueso. Este la reconoce y le pregunta porqué ha salido. Ella solo lo quería conocer. Ella se va porque quiere ver el mar. El pintor pregunta: ¿Por qué saliste? ¿Qué quieres? Lola responde: "Nada. Solo quiero saber quién te pintó."  MARAVILLOSA alegoría.
Aparte de las múltiples referencias a Modigliani, Picasso, y la bella referencia a Chagall, el mensaje de la película es una absoluta belleza.
Ya no quiero esperar al pintor. Quiero terminar de pintarme por mi cuenta.


domingo, 11 de noviembre de 2012

Extratemporal

Ella es un ser fuera del tiempo.
Ella no se parece a nadie que conozca.
Ella es vida. Es sangre, tierra, soledad, sonrisa, lágrimas y recuerdos.
Ella es poesía viva.
A veces es el silencio cuando tiene las palabras atragantadas, en el momento de decir lo que le duele o le que quisiera.
Siempre ha pensado que la vida está regida por la voluntad de dios. Aunque es humana como todos, y a veces se indigna con los que no piensan en dios. Se contradice. Quizás por eso lo hago también.
Ella no pertenece a este tiempo. 
Ella se bañó en ríos, atravesó campos para llevar comida, trabajó desde niña, estudió hasta tercer grado, y ha sido feliz a pausas. 
Mis primeros recuerdos la tienen en sitio preferente. Llevándome a la cama enorme, cuando me encontraba casi dormido en la sala, jugando con unos carritos y un cronómetro. También la recuerdo llevando la mochila gigante de las tortugas ninja que usé en segundo grado. Y viendo las películas de Pedro Infante, cantando las canciones que aún ahora me puedo de memoria. Escuchando religiósamente el programa de las 8 pm en ese radio que me compraron para tratar de ayudarme a dormir más fácil, porque siempre fui difícil para eso. 
 
Con ella aprendí a cantar, a reír, a vivir un poco mejor de la tristeza que siempre tuve de niño.
Quizás ella nunca se dé cuenta de todo lo que me ayudó. Especialmente porque hace meses que no tenemos una conversación completa, solos. Y sé que es mi culpa. Es mi culpa porque cada vez que tengo tiempo no la he buscado, porque cuando ha estado conmigo no he encontrado la forma de volver a esas charlas, porque no la quiero lastimar cuando me dice que ora por mí a diario y por dentro siento ese inmenso desperdicio de su corazón porque en primer lugar, no valgo esas oraciones, y en segundo, no creo en dios. 
Ella jamás leyó el realismo mágico. Ella vivió en tiempos mágicos. 
Ella me contó cuando tenía unos 8 años, que su abuelo le contó que tuvo un sueño que lo dejó con una profunda tristeza. Le contó que veía el mundo enmarañado por hilos. Un mundo en el que la gente rogaba porque le pusieran esos hilos, y dejaba de ver el cielo. Y me lo contaba con tristeza. Para ella la tecnología solo alejó a la gente.
Ella ha vivido en varias casas y siempre se ha sentido una refugiada. Pero siempre he admirado su independencia. Cuando murió mi abuelo, sufrió en silencio. Unos años después decidió irse a vivir sola. 
Tuvo muchos trabajos. Incluso si ahora le dicen que vaya a estarse un par de horas a la casa de una vecina, solo para cuidarla, acepta. Ella sigue creyendo en la alegría hasta el día de hoy.
Ella tuvo 14 hermanos. Vivió en ese tiempo en el que el futuro era un tiempo inexistente. La mayoría de sus hermanos murieron en la niñez. Sus mascotas siempre tenían nombres graciosos que a cualquiera le parecían ridículos. Tuvo una perrita a la que nombró "Gaviota", y un gallo al que llamaban "Camión". 
Cuando era niña sufrió lo que sufría un niño en 1940. Caminaba kilómetros para llevar agua a la casa. Jamás olvidaré cuando me contó el día que escapó de la casa de sus padres. Tenía entonces 14 años y encontró su libertad de una forma mágica y dolorosa. Porque así son las cosas que valen la pena.
Mi abuela no cree en la suerte. Cree en el trabajo, en la sonrisa, en dios. 
Odia las fotografías. Quizás también eso heredé de ella. 
De ella aprendí a tener cuidado con mis palabras, a no desistir, a querer la libertad, a trabajar siempre por lo que quiero. Pero sobre todo, a ser feliz.
 Hoy, con 79 años en sus espaldas, no es la misma que me contaba las historias. No es la misma que trabajó cocinándole a unos amigos de Salarrué. Ya es una viejita cansada. Y quizás jamás llegue ni a la mitad de lo que ella ha vivido. Pero jamás se me olvidará todo lo que aprendí.
Felicidades, Mamá Nena.

martes, 6 de noviembre de 2012

Fractal rotativo

Subir al bus y ver a la gente mirar por la ventana hacia el lugar en el que hace 3 años te asaltaron y te quitaron aquel libro que habías tardado tantos años en conseguir y que habías tomado prestado de la biblioteca de la universidad, en una de esas tardes frías en las que solo pensabas en encontrarla y decirle que la vez que te tomaste ese jugo con ella y vieron el cielo a mediodía te hizo sentir tan completo como cuando fuiste niño y te regalaron un pequeño libro que aprendiste a leer un año después porque esas cosas no son sencillas, y sobre todo cuando no sos el hijo que está en primer grado, sino el que sigue, el que está en kinder y apenas le dejan jugar con plastilina, de esa que sale de los colores más insospechados, sobre todo cuando los mezclás y dan esa sensación de tener tu propio barbapapás, de aquellos que salían en Canal 10 junto a toda esa tanda de programas que incluían el de la brujita que iba a clases y pasaba mil penurias para cuidar a su dragoncito, y que años después encontrarías inexplicablemente parecida a la amiga que vive en Berlín a miles de kilómetros, o a 8 horas de diferencia, si las distanciamos como en Casablanca, ¿te acordás? Cuando Rick se pregunta, viviendo en Casablanca, la hora que es en Nueva York, solo para recordar algún momento de felicidad de los que pasó con Ilsa,  en ese papel que ahora ya no le creés a Ingrid Bergman, aunque se vea tan hermosa como siempre, sin nada que envidiarle a la encantadora Audrey Hepburn, aunque, ya se sabe, nadie como ella, porque "amamos tanto a Audrey", de forma parecida escalofriántemente a la historia de Julio Cortázar en que un grupo de gente se reune para ver una y otra vez las películas de Glenda Jackson, "Queremos tanto a Glenda", el libro que salió antes de "Deshoras", cuando ya Julio estaba muy enfermo de algo que después han especulado muchos biógrafos que tenía que ver con problemas de hemofilia, esa enfermedad que te impide la correcta coagulación de la sangre, lo cual sería el sueño de Drácula para tener almacenada por más tiempo la sangre que necesitara para saciar sus necesidades intrínsecas de vampiro, que claro, nada tienen  que ver con las necesidades que muestran los vampiros de las películas actuales, porque, ya ni creatividad tienen los guionistas actuales y les da por repetir las historias ya contadas y agregar detalles que no hacen más que ridiculizarla, aunque quizás lo que busquen sea volverlas absurdas, pero no se puede ser un Ionescu de la noche a la mañana y menos si te ponés a escribir historias ridículo-románticas, como si estuvieras poseído por algún demonio de mal gusto, aunque para eso primero deberías creer en ese tipo de entes, que por demás te parecen increíbles porque la ciencia no te ha mostrado pruebas, y vos sos como Tomás y necesitás ver para creer, y le metés los dedos en las heridas a los inventos de la gente hasta que comprobás que no hay sangre ahí, que la realidad es más fácil de comprender, más fácil de ver, si se limita a enfrentarla y no a escapar inventando ideas para justificar lo injustificable, como si fuera un delito que se puede no solo atenuar, y eso que la ley es clara y manda a castigar cuando se comete un delito, no importa quien seás, ni cuanto dinero tenés, aunque claro, siempre hay alguien que se logra escapar de la justicia, porque como decían en aquella serie que pasaba Canal 4: "La justicia es ciega, aunque ve en la oscuridad", lo que es como una paradoja, tipo aquella paradoja que dice que siempre que recorrés la mitad de un camino para llegar al final, te hará falta la mitad de esa mitad y así por siempre. Una metáfora asombrosa, y por cierto, salida de una serie de tv lo hace más surreal, sobre todo de aquellos tiempos en que Canal 4 era un mejor canal y no pasaba 8 horas de telenovelas, y pasaba aquel famoso jingle para decir que eran el canal deportivo del país: "Canal 4 es más que un logo pintado..." y esas cosas. Hasta te podías aprender el jingle. Era tan famoso como el anuncio navideño de la Nueva Milagrosa, aquel almacén que solía existir en el centro de la ciudad, en el que en una navidad te compraron aquellas copias chinas de los juguetes basados en la serie japonesa de TV que pasaba Canal 2 todas las tardes, y que constituían un gran aliciente a la hora de terminar pronto las tareas, aunque eso sucedía en los últimos compases del año. Hablando de compases, es como cuando aprendiste a tocar el piano a los 9 años, maravilloso momento en que te diste cuenta de las diferencias de compases, tiempos, etc. Y la gente suele decir que las cosas que se aprenden no se olvidan nunca. Hasta tienen un dicho famoso: "Es como andar en bicicleta, una cosa que no se olvida." La suerte es que vos nunca aprendiste a  andar en bicicleta, o al menos no de la forma correcta. Porque te interesaba más ver la serie de las aventuras del joven Indiana Jones, y aquel capítulo en que aprendiste como es que se sentía el amor, cuando Henry Jones pasaba sobre todos los protocolos para declararle a una pequeña aristócrata de nombre Sofía, que la amaba aunque nunca la volvería a ver. Son historias que se te quedan sin motivo alguno. La verdad es que no se necesitan motivos para las cosas que tienen que irse pegando a la conciencia. Pero es tarde y apenas te das cuenta que ya llegaste y hay que bajarse y luego recordamos más.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Revisitar

Hace unos años escribí sobre mis muertos. Ahora, luego de pasar otra mañana de 2 de noviembre visitando los cementerios que se me han hecho costumbre, pasar la ruta de las tumbas famosas, hacer ideas de lo que me depara en el futuro, pensar que será mejor que me cremen y no gastemos en pago de cementerio para que no me pongan en mi cruz una notificación de la alcaldía para que me presente a pagar mi deuda con 3 opciones de solución, pago completo, pago en cuotas y dación en pago. 
Y es que en la muerte ya no hay muros, ni espejismos ni imágenes, ni intentos, ni fracasos. Somos todos iguales. Claro, por otro lado, la muerte no se decide.
Esta vez me dediqué a crearle historia a cada muerto. Pensaba en las familias que habían dejado atrás. Pensé, también, en las personas que fueron enterradas y jamás las fueron a visitar. Es como cuando tirás algo que ya no sirve y no tiene porqué seguirte importando. Muy parecido a aquellas noticias en el extranjero sobre gente que muere y es descubierta meses después. 
Quizás me resulta difícil pensar en eso. Me duele pensar en un vacío más allá del que ya tuvimos. 
El próximo año, si alcanzo a estar con vida, mi objetivo será encontrar un homónimo. 
¿Hay un Raúl Marín enterrado por ahí? Aparte de mi papá que yace en Jardines del Recuerdo. Paradójicamente olvidado.

Y luego la tumba, el vacío, la tierra, la marca, el olvido. Todo eterno.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Los Disfraces

Disfrazarse podría pasar por arte. Sobre todo ahora que cualquier cosa es arte.
No me gusta disfrazarme. Sé que la gente se divierte, y en fin, llegué a la conclusión que si debía hacerlo, me disfrazaría de algo fácil y que no comprometiera mi imagen de amargado.
Mi primera opción dados los lentes y el pelo despeinado, la cara de andar siempre pensando que un mago malvado mató a mis papás, pensé en ser Harry Potter.  Era demasiado trillado y tonto puesto que estoy por pasar a la tercera década.
La segunda opción, y que aún estoy pensando, fue llegar como Sigmund Freud. Me daba la libertad de simplemente ponerme un traje formal, un habano y los lentes, y con eso andar cuestionando a la gente y sus vidas.  Estoy por descartarlo porque debería llevar barba.
La última opción es llegar como Quentin Tarantino en "Reservoir Dogs", acercarme a cada mesa y contarles sobre que trata Like a Virgin. Es el que más estoy pensando.
Siempre decidiendo eso, me puse a pensar que realmente todos usamos un disfraz. La diferencia es ante quien nos disfrazamos y de qué nos disfrazamos.
A veces nos disfrazamos de personas con conciencia. Somos como esa extraña raza que todos llaman "políticos". Creemos que tenemos la razón y tratamos por todos los medios de hacerlo saber y de pasar sobre los que piensan distinto.


Otras veces creemos que somos buenas personas. Nos damos golpes de pecho y pregonamos que leemos la biblia o el libro sagrado de su preferencia, y es como si leyéramos el periódico. Somos parodias de creyentes religiosos. Asumimos que con leer la biblia o cumplir un par de mandamientos bastará. Y nos volvemos mentirosos, hacemos que corran rumores, nos importa más lo propio que lo de los demás. 
Y aún hay otras ocasiones en que decimos a los cuatro vientos que somos personas buenas, y no perdemos la primera oportunidad para contradecirnos. 
Usamos máscaras para todo. Ante todos. 
Usamos una máscara ante nuestros amigos para que sepan solo lo que es necesario que sepan de nosotros. 
Nos disfrazamos de hijos confiables con nuestros padres.
Nos ponemos nuestro mejor traje de estudiante cuando vamos a la escuela, a la universidad, etc. Lo más importante es que la imagen sea creible. La IMAGEN.
Vamos a buscar trabajo, y luego cuando lo obtenemos, vamos al trabajo con esa imagen de personas decentes. Porque NADIE necesita saber la persona que realmente somos. Y todavía tenemos el descaro de decir que somos realmente como proyectamos. Si eso fuera cierto no existirían los secretos. Y todos los tenemos.
Y no queda nada. Nos llevamos la honestidad a la tumba. Lo que queda es lo que la gente pensó que eramos. 
Y los disfraces simplemente se van cambiando.
Ya no sé qué seré mañana. 

viernes, 19 de octubre de 2012

Doppelgänger

 "El verdadero doppelgänger sos vos, porque estás como descarnado, sos una voluntad en forma de veleta, ahí arriba. Quiero esto, quiero aquello, quiero el norte y el sur y todo al mismo tiempo, quiero a la Maga, quiero a Talita, y entonces el señor se va a visitar la morgue y le planta un beso a la mujer de su mejor amigo. Todo porque se le mezclan las realidades y los recuerdos de una manera sumamente no-euclidiana." Cap. 56 Rayuela.


Eras vos. Yo sabía que eras vos, porque sencillamente, siempre sos vos. 
Yo sabía que no eras vos. Nunca sos vos. Vos sos una dualidad y yo vivo de contradicciones. Es como debe ser. 
Desde que te vi correr detrás del bus, ya sabía que eras vos. Tu cabello lacio y brillante con el que alguna vez te habías hecho un bigote mientras yo te molestaba por el enorme parecido de tus orejas con las de los elfos de las películas. Pero vos estás en Chicago y sos feliz preparándote para salvar el mundo. Preparándote vos que podés. Yo me quedo a ver como todo se va a la mierda. 
Pero no eras vos y yo lo sabía. Era tu doppelgänger que siempre veo cuando volteo a la ventana del bus mientras llueve, o la que veo cuando quiero escribir algo y tengo la página en blanco y me dan ganas de escribir. Eras vos y no eras vos. 
Y los dobles no existen. Es imposible. IM-PO-SI-BLE.
Eras vos y sonreías como nunca antes. O quizás como recuerdo hace tanto tiempo ya. 
Pasé 20 minutos imaginando que me acercaba y te hablaba. Pero no eras vos. De haber sido vos no hubiese dudado tanto. 
Llegaste a tu destino y avanzaste a la salida. Yo estaba en el último asiento. Te vi a los ojos y eras vos. Pero como eras vos. Eras inexorablemente vos. No hay doppelgänger que valga. Sos vos. 
Me ves y te despedís. Es tu voz. Un poco más dura, un poco más simple y tan necesaria como hace casi un año que no la escucho. 
Esas cosas pasan cuando recuerdo que vos tenés una gemela a la que veo muy raras ocasiones, pero que me hace pensar en vos. Más de lo normal.
Un día después recibo un mensaje tuyo en el que me decís que viajás por lugares celestiales del caribe. Sos feliz y el orden está restablecido. 
Mientras tanto, leo, escribo y planeo. Es hora de matar mi propio doppelgänger.