jueves, 9 de agosto de 2012

Vergüenzas repentinas

Otra vez camino al trabajo en la 101-D.
A mí suele sucederme que en los buses las personas mayores me encuentran agradable para platicar.
Sentado junto a mí, comenzó la conversación mencionando su admiración por el trabajo de los vendedores callejeros. Ante eso me sentí compelido a unirme a esa opinión.
Luego me preguntó mi punto de vista sobre el estado actual del país.
Me desahogo diciéndole con sinceridad que para mí, el país, el mundo, la sociedad moderna es un caso absolutamente perdido.
Me dice que él fue exiliado en la guerra porque era dirigente de ANDES. Vive en California y acá está de visita.
Me dijo que acá las luchas de clases habían arruinado al país. Que la gente de libre pensamiento e inteligente, en la cual me incluyó sin conocerme (porque si me conociera quizás no lo hubiese dicho), estaba obligada a cambiar el país. Dijo que para su generación era demasiado tarde.
Me pidió mi nombre y me dijo que ahora era mi responsabilidad hacer algo.
Me dijo, como Yoda, que los intentos no sirven de nada. Que actue.


Antes de bajarme, le agradecí cortésmente la charla, y él dijo: "Este país necesita que tomen las armas de nuevo."

Me siento mal.
Avergüenzo a todos.
Al señor del bús porque jamás creo que tomaría las armas. No tiene solución de esa forma.
A todos, porque creo que en serio, el país, ni el mundo, tienen ni merecen solución.
Somos sociedades fragmentadas, avaras y crueles.
Me avergüenzo a mí mismo, porque nunca quise sentirme así de inútil.
Hace poco comentaron en este blog que soy un abogado mediocre que nadie toma en cuenta.
Quizás tengan razón. No hay necesidad de tomarme en cuenta.
Muy probablemente tengan razón y sí sea un abogado mediocre.
Lo último que quisiera ser es un ser humano mediocre.
Ojalá mi carrera no determinara quien soy.

1 Manchas en la pared:

Alberto dijo...

Ah, como estoy yo de acuerdo con esto!!