viernes, 17 de febrero de 2017

Vivir

Existe ese momento en la vida en que comenzás a calcular lo que resta. Lo pendiente, lo que quisieras hacer, lo que quisieras lograr, lo que quisieras compartir, antes de volverte materia en descomposición.
Últimamente lo he pensado demasiado. Casi a diario.  Me preocupo, me estreso, y acabo por relajarme pensando que el sentido se lo iré dando a cada día, y que las cosas pendientes tienen planes y pasos, y debería sentirme bien porque no estoy tan perdido.
Lo cierto es que después de los 30 ya no te estás poniendo más joven, ya la vida se ve cuesta arriba, y aunque para la muerte comenzás a prepararte desde que muere un familiar, algo me dice que cuando muere un amigo, comenzás a morir también. Y lo sé, no porque me haya pasado, si no porque lo siento. Estoy seguro que será así. Algo se va a convertir en recuerdos, de bromas, puteadas, cervezas, la playa, películas, etc. Pero eso, recuerdos.
Mientras eso pasa, y a diario sigo pensando en si vale la pena todo esto, llego a la única conclusión de que al final no importa nada en la vida lo que lográs, lo que ganaste, lo que acumulaste, lo que cuenta es lo que hiciste por alguien, las vidas que tocaste, la gente que se acordará de vos, aún años después que mueras, y para mí, todo eso vale la pena, para mí, eso hace que valga la pena, vivir.