miércoles, 11 de julio de 2012

Anna Karina y yo





No era ver como Godard la dirigía en absoluta complicidad.
No era su enigmática mirada de muerte acechante en Alphaville.
No era su hermoso cabello negro, casi vivo y en eterna batalla con la iluminación de las filmaciones.
Tampoco puedo decir que sean los anuncios publicitarios que luego encontré vagando por la red sin nombre.
No sé qué fue. Sé nada más que yo siempre había encontrado a Anna Karina en todas partes.
No la busqué jamás. Ni siquiera se me habría ocurrido para qué buscarla.
Pero la encontré.




Anna Karina sentada en una silla roja, leyendo Marxismo Búlgaro.
Anna Karina hablándome de como quería ir por una nieve de limón.
Anna Karina, tan ella, tan nadie, tan todas.
Anna Karina, fumando, caminando, sonriendo, llorando.
Anna Karina nunca, siempre, hoy.


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