jueves, 25 de noviembre de 2010

Mi Pueblo (II)

"Algo se define como Pueblo de Potemkin cuando se quiere describir una cosa muy bien presentada para disimular su desastroso estado real. A primera vista parece muy bien acabado y deja a todos impresionados, sin embargo le falta la substancia principal."
Me da vergüenza alegrarme porque la gente podrá utilizar el Wifi de la Plaza donde se puso el Salvador del Mundo que estuvo en el Mausoleo de Manuel Enrique Araujo. Me da vergüenza porque parecería como si ser una capital digital eliminara el desorden del centro capitalino. Como si las vendedoras pudieran dejar de necesitar estar llenando las calles para alimentar a sus hijos durmiendo en cajas de frutas, gracias a la tecnología.
Me da pena. Enorme. Los medios de comunicación masiva, socialmente, un poco las redes sociales y la sociedad de consumo, han creado un nuevo tipo de persona indolente.
 

"El pueblo visto desde cierta distancia tenía un aspecto idílico e impecable. El verlo desde la lejanía se hacía para que la zarina no se mezclara con la gente o también por cuestiones de seguridad. La realidad era que el supuesto pueblo no era más que un bastidor (como los que se emplean en la filmación de muchas películas), nada se había hecho para las gentes del pueblo, que además vivían en la más completa miseria. Así pues, durante la visita de Catalina la Grande, visitaron varios de estos pueblos de ficción y que además siempre era el mismo, pues al terminar la visita el pueblo ficticio era desmontado y se volvía a montar en otro emplazamiento distinto que sería visitado después. " Así me di cuenta que vivo en un Pueblo Potemkin. 
Tristemente, se pudo ver desde el momento de la inauguración, transmitida por televisión nacional, en vivo.  Olvidamos que hay problemas estructurales, solo por el monumento que se ve "más bonito", saludándonos en este país mentirosamente laico. 
Nos alegra que los señores Poma en su magnificencia hayan donado dinero para la remodelación, y se nos olvida que son quienes mantienen fuerza de trabajo explotada, por la simple necesidad. Claro, el monumento se ve bonito.
El salvadoreño sigue viviendo a base de "pan y circo".
Me disculpo si lastimo alguna susceptibilidad, pero es mi indignación la que escribe. Como casi siempre.

1 Manchas en la pared:

Alberto dijo...

Maravilloso el artículo maestro, al punto y sin miramientos. bravo!!!!

Saludos