domingo, 1 de marzo de 2009

Visita

Hoy como parte de mi gira vacacional, decidí ir al bello paraje de San Ramón, pequeña Colonia enclavada en Montebello, siempre acá en San Salvador.
La idea era simple: ir y pasar un par de horas con mi abuela de 76 años y tocaya de la Elena.
Fui.
Estar con mi abuela es estar con los recuerdos.
A veces se me sale lo niño de ocho años con ella y me quedo maravillado escuchando todo lo que tenga que decir.
A veces se acuerda de su mamá, Celedonia que venía siendo mi bisabuela.
En otras ocasiones recuerda como los pájaros acostumbraban traer cantos como lluvia cada mañana. Y ahora se levanta con los pitos de los microbuses que tienen su punto a una cuadra de su casa.
Hoy se acordó cuando corté el primer racimo de platanos en la casa, ya que ella los planta.
No le gusta que me ensucie, dice que yo no soy para ensuciarme, mientras camina para arriba y para abajo con su 1.52 metido en ese pequeño vestido y su largo cabello plateado llegandole hasta arriba de la cintura.
A veces la imagino. No puedo verla como un sueño o un recuerdo muy viejo. No hay muchas fotos de ella. Es como yo. De mi, no deben haber más de 80 fotos. De mi abuela solo hay alrededor de 20.
Aún se acuerda de las tortugas que teníamos en la casa de piso de tierra en la que me criaron hasta que tuve 6 meses según la tésis oficial.
Ella a esta hora duerme sola y no.
Duerme sola y lo hace con todos los sueños que tuvo de niña: una casa, sus arboles, su familia (aunque yo esté acá escribiendo para ella y por ella, y no con ella).
Ella a veces se pone en plan de viejita llorona. Siente que la vida ha sido larga. Siente que la vida ha sido muy sola y triste para ella. Ella a veces dice que aún siente a mi abuelo llegar por la noche a preguntarle si se encuentra bien antes de dormir.
Ella fue la primera que me enseñó a amar la literatura. A mis 5 años me leía que Plutarco decía que : "Congregados los griegos en el Istmo, decretaron marchar con Alejandro a la guerra contra Persia, nombrándole general; y como fuesen muchos los hombres de Estado y los filósofos que le visitaban y le daban el parabién, esperaba que haría otro tanto Diógenes el de Sínope, que residía en Corinto. Mas éste ninguna cuenta hizo de Alejandro, sino que pasaba tranquilamente su vida en el barrio llamado Craneto; y así hubo de pasar Alejandro a verle. Hallábase casualmente tendido al sol, y habiéndose incorporado un poco a la llegada de tantos personajes, fijó la vista en Alejandro. Saludóle éste, y preguntándole enseguida si se le ofrecía alguna cosa, "muy poco —le respondió—; que te quites del sol". Dícese que Alejandro con aquella especie de menosprecio quedó tan admirado de semejante elevación y grandeza de ánimo, que, cuando retirados de allí empezaron los que le acompañaban a reírse y burlarse, él les dijo: "Pues yo a no ser Alejandro, de buena gana fuera Diógenes". Y ella no sabía quién era Diógenes, ni de donde era rey Alejandro, ni quién era Plutarco y porqué lo había escrito. Pero aún tenía el libro forrado en cuero de 1918 que usaba su tío, el único que sabía leer en su casa cuando era una niña. Y me lo leía repetidas veces.
Aún tengo ese libro.
Mi Abuela puede quejarse de una vida larga, triste a veces, sola cuando le ha tocado. Ha despedido a 10 de sus 13 hermanos de este mundo. Pero aún agradece a Dios cada mañana por su vida y le reza por fe.
Y hoy me dijo algo. Ella reza por mi.

A veces no me merezco a mi abuela, y ella se merece una vida mejor, aunque sea en sus últimos años.

5 Manchas en la pared:

Elena dijo...

Ay, Raúl, tuve que llorar.
Quiero ver una foto de tu abuela. Y lo mejor, cuando estemos mejor (yo allá por fines de marzo), tengo que ir a verla.

Un abrazo chillón.

calila dijo...

que bueno que puedas reconocer ahora esa belleza que hay detrás de los años, de las historias, de los regaños y los besos, porque al final y al cabo hacen parte de quienes somos y de lo que nos hemos convertido.

Alberto dijo...

Magistral, hermoso y con ese toque de melancolía que toca todas las fibras del alma.

Gracias maestro, este tipo de artículo le recuerdan a uno el valor de la vida de aquellos que, de hecho, han dado la vida por nosotros.

Saludos

Clau dijo...

(éste es el post que quería leer)
Mi abuelo cumple 77 en mayo y cada día que pasa lo quiero más...aunque pueda verlo unas 3 veces en el año porque vive en Guate y tenemos que coordinar para llegar todos a la casa de mis papás para vernos en un punto medio.
La experiencia de vida de ellos es tan interesante, especialmente porque han vivido cambios trascendentales en la cultura e historia de nuestros pueblos.
Un día lo convencí de que me escribiera algo sobre su vida, y a la siguiente visita me llevó una página manuscrita con algunos datos de su infancia...la guardo como un tesoro.
Allá por la casa rosada es eso que contás...he andado por ahí visitando a otra abuela, pero no la mía...al rato y son vecinas

Raúl dijo...

@Elena: Abrazo chillón recibido.
:)

@Calila: Lo importante está en no olvidar.

@Alberto: Ya se le extrañaba acá maestro.
@Clau: Es tan pequeño el país de las lágrimas...