domingo, 17 de abril de 2011

Apuntes para una novela que jamás escribiré

Entonces la vi. Era ella aunque no podía ser ella. No podía ser ella la que se paraba frente a mí, con su pequeña estatura y su piel blanca.
Llevaba la misma dirección que yo. Y no era ella, pero cuando pasó, me vio a los ojos y sonrió.
Ella caminaba con su camisa color naranja. Quizás tendría 17 años, pero se parecía a ella. Era ella, sin ser ella.
Le hablé: "Yo sé que esto es sumamente raro, pero a mí me gusta leer mucho y escribir a veces, y siempre he pensado que hay demasiada determinación en lo que nos pasará en la vida, y por eso me gusta hacer cosas que se salen del guión. Estaba pensando si me dejarías besarte. "
Ella se detuvo en una especie de shock, me dijo que se llamaba Sofía, sonrió, se acercó. La besé durante un eterno minuto. Nos separamos y le di las gracias. Ella quedó en silencio. Caminé un par de pasos y ella preguntó si quería su número. Le dije que no, que era mejor así.
Era ella. Todas son ella. Todas iban a seguir siendo ella.
Nunca necesitás un pretexto para un beso.

(He ahí porque no la escribo.)

1 Manchas en la pared:

Márilyn dijo...

Me habéis encantado... Bueno, es justo lo que no esperas de final y de repente, no podía ser mas genial. Podría decir, que debería haber mas individuos escribiendo cosas así como estas..., pero no seria lo mismo y yo no comentaría.