martes, 16 de diciembre de 2008

Paranoia

Ya no puedo salir.
No lo consigo.
Es de noche.
Hay un hombre junto a la puerta
Con un pulcro traje negro
Fumando un cigarrillo.


Pero
Lo he puesto en mi diario
Y los nombres del pasado están todos en fila
Sobre la cama, ensangrentadas por la luz
De los adornos en las casas vecinas.

Él sabe que si muero
(o incluso si desaparezco)
que nunca será lo mismo
aparecerá este diario y todo el mundo
se enteraría de la horrible y cruel verdad
y nada significara nada.
Y todo significara todo.
Para todos.
Los números y los peligros siguen la consigna
La consigna es la constante.
50 palabras escritas suciamente en
50 hojas de papel de colores, todas distintas,
50 cuadernos con 50 páginas en cada uno.

Estoy preparado
Estoy más listo de lo que voy a estar mañana
Puedo verlo desde aquí.
Su cigarrillo brilla
por encima de la noche,
y por alguna parte hay un hombre en una banca
sentado debajo de un gigantesco rotulo verde camino a Sonsonate.
Y está pensando en como borrar mi nombre.

Ellos ya lo han discutido todo sobre mi futuro en esos sombríos cuartos.
Si suena el teléfono sólo hay aliento de muerte.
Al otro lado de la calle, un revólver
achatado ha cambiado de dueño en dos minutos.

Cada bala lleva mi nombre.
Cada aliento no es el mío.
Mi nombre está escrito en papeles amarillentos
borrados de la memoria, ensanchados por las polillas
y buscado en las listas del depósito de cadáveres.

Mi padre ha sido investigado;
gracias a Dios que ha muerto.

Escuchen...
escuchen,
escuchen por favor:
deben escucharme.

Bajo la lluvia, en la parada del bus,
grandes pájaros se avecinan
volando como inmensos paraguas negros
simulan mirar hacia arriba,
pero no está lloviendo.

En la habitación que hay junto a la mía,
Una anciana ha iniciado su jornada de oraciones
Se lleva un poco de mi salvación para ganar la suya.
Ahora sin fe, escribo a oscuras
al resplandor de la pequeña lampara italiana heredada de mi abuelo
y de su sucia sangre española,
Hidalgo, ese apellido que nunca llevé.

Les digo que lo sé.
He dejado de mirar hacia la ventana.
Las felicitaciones son cartas-bomba.
(¡Aléjate! ¡Maldito seas!
¡Aléjate! ¡Ya los conozco a todos!
¡Les digo que conozco a toda esa gente!)

El pequeño salón mugre está normal;
La reunión acabó sin veredicto
El café esta vez no llevo a nada
La muchacha que lo sirve es una de ellos
Trabaja para ellos, lo sé.
Me dió azucar, dijo que era azucar
Pero yo conozco el arsénico
Cuando me lo ponen delante.

He visto extrañas luces en el cielo.
Vi las huellas embarradas de manos
sobre mi vieja porcelana.

Ya no contesto al teléfono
No esperen que lo haga.
¿Ya lo había dicho?
Ellos se proponen inundar la tierra con mierda.
Saben cómo apagar el sol
Saben como hacer temblar la tierra.
Saben sus direcciones, nombres, apellidos y pasatiempos.
Saben que escribo esto ahora
Yo me envuelvo en hielo (Palabra faltante) para entrar en calor
¿Ya lo había dicho?

Evito su alcance.
Conozco encantamientos y llevo amuletos.
Pueden creer que les temo, pero podría destruirlos
Si tan solo tuviera el valor de decirles
que yo puedo( frase faltante).
Ahora, en cualquier momento.
En cualquier momento.
En cualquier momento.
¿Quieren algo de café?

¿Les dije que ya no puedo salir?
Hay un hombre junto a la puerta
Con un traje negro.

Lo siento, debo irme.
Alguien llama a la puerta...

3 Manchas en la pared:

Elena dijo...

ESto es un cuento, por qué está en verso?
Y luego: hay muchas ideas que bien desarrolladas harían algo buenísimo, al menos a mí como lectora me gustaría. Y luego, hay otras que deberías depurar: "mucho demasiado".

Un abrazo, pues.

Clau dijo...

me recuerda a las Historias sin Cuento de David Escobar Galindo.

No me parece que deba ser en prosa, así en fracciones se lee mejor.

SannmarrOkin dijo...

yo solo sé!
que todo lo que salé de tu cabeza
me asombra!