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jueves, 26 de marzo de 2015

999 formas del amor: #421

Tus manos.
Tus manos sintiendo, trabajando, tocando.
Tus manos pequeñas y tibias.
Tus manos junto a las mías.

999 formas del amor: #736

Una pareja de ancianos.
Lo más probable es que vivan en la calle. Tomados de la mano, con la ropa hecha harapos, el lleva la mirada seria, la misma que refleja un largo camino de sufrimiento, del sufrimiento real, no del que decimos.
Él voltea hacia ella mientras caminan. Sonríe.
En su brazo la cartera rosada plástica de ella.

lunes, 20 de octubre de 2014

Rosco o Como entrenar a tu Shar pei

Mi primer trabajo, semi formal, fue en una veterinaria. Era el mil usos, o la forma en que se quiera mencionar. Siempre fui la eterna promesa de algo mejor, así que en ese entonces, a mis 17 años, pensé que era sano mantener ese trabajo un tiempo, por lo que me dediqué a mi trabajo de atender la veterinaria, aprender a cortar pelo de perro, aprender a inyectarlos, a rasurarlos para encontrar venas, a ponerles suero, a cuidarlos, etc.

Yo, que nunca había tenido más mascotas que los 8 pericos que subsecuentemente habían muerto o escapado de casa, jamás pensé que trabajar ahí formaría parte básica de mi aprendizaje de vida.

Ahí conocí a Rosco.







La veterinaria, estratégicamente ubicada en una zona populosa pero segura, como lo era entonces Monserrat allá en el 2000, también funcionaba como un hogar de rescate de perros. Debo darles el punto en que fueron los primeros que lo hicieron. No entraré en detalles, al menos no acá, sobre si el cuidado era el correcto o no, pero sí diré que ahí aprendí muchas cosas que jamás podría haber aprendido en otra parte.

El primer día de trabajo fue el peor. Los peores siempre son el primero y el último, como todo en la vida.

Ese primer día me enseñaron mis obligaciones: hacer limpieza, surtir el stock, vender, hacer de recepcionista, hacer remesas, hacer programaciones de consulta, y como parte del trabajo del hogar de perros, alimentarlos, bañarlos y mantenerlos seguros, es decir que no escaparan.

El segundo piso había sido acondicionado de forma en que se habían creado 6 enormes jaulas para encerrar a los perros que lo requirieran, y los demás, los más viejos o mansos, se tenían en libertad, aunque la azotea tenía un portón que obviamente debía tener cerrado.

Ahí estaba Rosco. El Sharpei más fuerte y agresivo de todos.

Ese primer día no pude entrar a alimentarlos. Rosco no me dejó entrar. Se abalanzó sobre mí apenas estaba abriendo el portón. Y así fueron los próximos 3 días. El Doctor tenía que hacer esa parte de mi trabajo.

Al quinto día tuve que enfrentar lo que había postergado ya demasiado. Entré sin más ayuda que la escoba que usaría para barrer en el segundo piso. Rosco atacó de nuevo, pero esta vez al entrar me quedé hecho de piedra. Rosco me olfateó, me ladró un par de veces y me dejó trabajar. Se echó sobre la enorme pila de cemento que había en esa azotea y me dejó trabajar.

Una semana pasó y seguía dejando la comida de Rosco a una distancia prudencial para que me dejara trabajar. Era todo lo que había logrado avanzar.

Al menos un mes después, y luego de muchas dudas y ensayos, Rosco al fin me dejó alimentarlo de cerca. Apenas me vio.

Unos días más pasaron y Rosco dejó de temerme. Quizás fue la compañía, quizás fue que le daba de comer, pero entonces Rosco dejó de ladrarme. Se volvió el perro más pacífico de la tierra. Se echaba sobre la pila de cemento y me dejaba rascarle la panza. Cuando quería lo bañaba, lo dejaba sacudirse, y luego se acercaba a mí porque le encantaba que le rascara el lomo. Rosco se convirtió en mi amigo.

A veces lo dejaba bajar al primer piso, cosa que el Dr jamás supo. Rosco se volvió tan pacífico que volvía a su lugar en la azotea solo con mi llamado.

Habían muchos perros ahí. Había una doberman que tenía más de 12 años y había sido abandonada por un problema de piel. Casi no tenía pelo. Sufría más de lo que debía. Yo tenía casi que darle la comida en el hocico. Pero se alegraba y jugaba conmigo. Había un enorme Chow Chow que luego fue "adoptado" por una familia que lo llevó a cuidar una finca. También estaba un Basset Hound que siempre se portaba agresivo, hasta que descubrí que no escuchaba ni veía. Las cataratas y la vejez habían vencido a su cuerpo, y su reacción era violenta porque probablemente se sentía amenazado todo el tiempo.

Y con ellos habían siempre 3 o 4 criollos que jamás conseguían un hogar. Porque la gente siempre quería perros "de raza". Algunos tenían problemas de piel, otros habían sido atropellados.

Yo nunca había querido tener un perro.






Meses después dejé de trabajar ahí. Y un par de meses después, trabajé en otra veterinaria. Ahí, la Dra, que se había independizado de la primera Clínica en la que trabajamos juntos, me contó que Rosco había sido entregado en adopción a una familia con mucho dinero, que lo regresó solo un par de días después, y que el Doctor, desesperado por no encontrarle hogar, se lo llevó a su granja de crianza de ranas, para que cuidara el terreno. Ahí vivió desde ese 2001. Entonces Rosco era un perro formidable de unos 4 años. Si hago mis cuentas es probable que ahora ya haya muerto.


Fue en ese 2000 mientras trabajaba ahí, que mi hermana consiguió que nos regalaran el primer perro. Una pequeña bolita anaranjada, con tamaño de chihuahua y cabeza de pastor alemán miniatura. Jamás le vi raza en específico. Era agresiva, temperamental y nerviosa. Con el tiempo se fue poniendo ciega. Vivió como hermana con la segunda perrita que tuve, Dido (ajá, como la cantante). Dido era una Border Collie, más grande de lo que podía tener en casa. Tenía a mis 2 perritas. Yo quería darles una mejor vida.

Nos mudamos y tuve que entregarle a Dido a mi abuela. Lobita, mi primera perrita, se quedó conmigo hasta sus 11 años cuando murió de vieja, a los pies de mi mamá. La lloré como si fuese un familiar.

Unos meses después me llamó mi abuela y me dijo que Dido había muerto. Era el 2011. Me sentí la peor persona del mundo. No aproveché la oportunidad de ser un buen amigo de mis perros.

Pasamos un año sin mascota hasta que mi mamá quiso ahora ella tener un perro, porque mi hermana y yo trabajábamos todo el día y ella necesitaba compañía.

Nos trajeron a Penny. Penny es la pequeña bolita peluda que me recibe a diario como si volviera de una guerra de años.



Y ahora, todos los perros que mencioné, a excepción de Penny, deben estar muertos.

La semana pasada comencé a encontrarme camino al trabajo a un pequeño perro callejero. Hace meses que llevo conmigo un poco de comida para perro y la dejo cerca de algún basurero, donde buscan comida los perros, por lo que no aproveché y le dejé un poco. Así ha sido desde el jueves pasado. Pero hoy estaba más nervioso que nunca, y con la pata derecha delantera rengueante, señal del que puede que sea el primer atropellamiento que le toca, a juzgar por su pequeñez.

Yo sé que es difícil sugerir ayudar a perros callejeros cuando en las calles hay niños que huelen pega, que tienen hambre, que no tienen una familia, cuando a diario tenemos diez o más muertos, cuando a diario nos enfrentamos a la desidia de la sociedad, a la sociedad de la exaltación del yo, del egoismo, de la fantasía de tener más para ser más, a costa de lo que sea, a costa de quien sea, pero todo eso no significa que un pequeño paso no servirá de nada.

Adopte un perro, porque quizás sea el primer paso para su cambio de conciencia.

Adopte un perro porque quizás para usted sea solo una pequeña ayuda, pero para él será un nuevo mundo, una nueva vida.

Adopte un perro porque ellos son como nosotros. Porque todos alguna vez nos hemos sentido solos, tristes, abandonados, rotos.

Rosco me enseñó eso, que todos merecemos una oportunidad, y que quizás la gente se burle de usted dando esa oportunidad, pero hay un momento en la vida en que no es necesaria ninguna aprobación, más que la sensación de estar haciendo algo pequeño pero valioso.

sábado, 8 de junio de 2013

Metáfora 4

"A esos gatos hay que encerrarlos en el canal del agua sucia, y una de dos, o tirarles bocado o echar el muy veneno. No soporto que se estén tomando todos los jardines para vivir ellos y estar ahí echados a diario. Y además apestan. Hay que encerrarlos a todos y matarlos. " Vecino que quiere matar a todos los gatos sin dueño que hay en la colonia donde vivo.

"Si, casi igual que los mareros. Lo único que los gatos no nos hacen nada. Igual démosle bocado." Otro vecino, conversando con el anterior.

Y no sé qué es más peligroso, si el pensamiento de casi elevar a técnica nazi antijudíos la eliminación sistemática de los gatos, o si las personas que lo dicen son personas normales, con las que convivo a diario y que, como dicen en las noticias, no le hacen daño a nadie. 
Lo dicho, la historia de latinoamérica es la historia de su violencia. Y la violencia comienza así.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Distorsión

El sabía que en la era de la información podía hacer lo que quisiera. Podía inventar, escribir, mentir, crear.
La red social más grande del mundo le permitió crear un perfil para cada una de sus 5 personalidades. 
Y vivir una vida creíble para cada una de ellas.
Pero la vida real era más.
Decidió acabar con sus vidas virtuales. 
Tenía tantos amigos que decidió que no podía simplemente eliminar las cuentas fantasmas.
Decidió que lo más sencillo era aplicar un Sherlock y pretender una muerte.
Dijo a todos sus amigos en sus perfiles falsos, que padecía de una extraña enfermedad de la que no sobreviviría más de 2 semanas. 
Se sentía más tranquilo diciéndoles que esta enfermedad comenzaría por darle bajas de presión constantes, y al final un certero paro cardiorespiratorio acabaría con él inevitablemente.
Ahora dejaba todos los perfiles con el ánimo de jamás volverlos a visitar. Pero sintió miedo al no recordar cual de los 6 perfiles era el verdadero.
Y sintió dolor en su pecho.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Inevitable

Correr porque se te ha hecho tarde y no hay más tiempo. Son más de las 5 de la tarde. Si no llegás no te lo perdonarás. 
No son esas cosas que uno puede delegar o cambiar. Tenés que cumplirlas.
Un ritual de lo habitual, como lo parafraseaba Monsiváis o lo cantaba el Glam rock de los ochenta. Inevitable.
No importa que se comience a hacer la oscuridad, corrés porque tenés que llegar. 
Sudás y sudás en el camino y pasás por el remolino de gente hasta llegar al lugar del hecho.
En una de las partes más peligrosas del país. Porque no importa que en otro lugar lo hagan más barato, lo hagan mejor, o lo hagan más fino, uno no puede cambiar de peluquería de la noche a la mañana.
Los animales que llevamos década y media cortándonos el pelo con la misma persona, simplemente no podemos cambiar.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Sueño 1417

Soñar que estás como espectador ante lo que parece ser una película de los ochenta.
No es difícil si te dormís temprano.
Pero mis sueños son lo más inexplicable. Y ayer soñé que el protagonista era mi papá.

La trama era sencilla:
Había una isla que se supone que estaba en lo más perdido del pacífico y se supone que se había perdido contacto con la "civilización." La gente sobrevivía de los pocos turistas que lograban llegar.
Lo que la gente no sabía era que mi papá era el que tenía un trato con la gente de una revista de turismo para mantener encubierta la ubicación de la isla. De esa forma, mi papá se llevaba todo el dinero de la llegada de los pocos turistas, que pagaban bien para poder llegar a la isla imposible.
En un momento de la película, descubren a mi papá y parte antes que lo linchen, en un inmenso barco que ya tenía preparado en caso de eventualidades como esa.
Pero el barco falla y queda a la deriva. 
Al final, mi papá queda solo en la inmensidad del mar sin poder comunicarse.
Ahh, sos grande Raúl Marín padre.

Debo dormir como la gente normal y evitar estos sueños.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Extrañas ocasiones (II)

Vas camino a casa luego de una extenuante jornada de trabajo junto a unas maquinitas de pensar como les dicen que deben hacerlo. En el bolsillo llevás la llave lista porque sos de esas personas que no pueden estar sin algo en la mano. Vivís en impaciencia. 
Lo único que necesitás es llegar a casa y abrazar a tu familia. Darte cuenta que todo puede mejorar si tenés ese momento en el que todo cobra sentido por solo quererlo. Sonreírle a tu familia y saber que la vida es mejor. Es mejor. Es me-jor.
Llegás y la alfombra café te informa que estás en lo que decidiste llamar "hogar". Dentro se escucha la pequeña perra arañando la puerta para encontrarse con vos.
Girás la llave. La perrita se emociona como si tuviese años sin verte. Te pasa la lengua por el pantalón y si pudiera hablar, te diría que te ama sin condiciones y que te extrañó desde el momento que saliste por la puerta. 
En la casa todo está normal. Te sentás y sale tu hermana a decirte que el trabajo estuvo difícil hoy. Te dice que si querés un café te lo prepara. Pero no es tu hermana. Nunca has visto a esa mujer.
Por un rato te cuesta reaccionar. Ves las fotos en la sala sobre el mueble del televisor y en todas las fotos estás con ella y con otra señora que asumís que es tu mamá.  Llega, te abraza y dice que te preparó tu cena favorita. 
Es ese momento de nuevo. Esa extraña ocasión en que cambiás de universo, de realidad,  y tenés que seguir viviendo hasta que vuelva a cambiar. Ya perdiste la cuenta de las veces que te ha pasado. Ojalá seás el único al que le pasa.

viernes, 21 de septiembre de 2012

El último juguete





Lo habían llevado a casa como un regalo por el cumpleaños de la hermana mayor. Era de esos regalos que no vendían en cualquier parte. Difícil de encontrar y muy, pero muy demandante de cuidados. 
Dicen que los comenzaron a vender como una respuesta a las necesidades del nuevo siglo. 
Nadie sabe a quien se le ocurrió la brillante idea de venderlos. Eran la mascota más extraña que se había visto en muchísimo tiempo. Incluso había gente protestando por la forma en que se vendían en las calles. Hasta que, claro, las grandes empresas tomaron el control y comenzaron a cercar el mercado y  "ayudaron" a crear regulaciones más claras sobre la venta de la nueva sensación en mascotas.
Los comerciales los mostraban ahí creciendo poco a poco, hasta que te veías en la necesidad de tapar el agujero de la respiración  y comprar uno nuevo. Así eran los de la primera generación, los que fueron creados sin la participación de las empresas más grandes del mundo. Luego los fueron perfeccionando y hubo quienes los conservaban por algunos años gracias a la bondad de la falta de crecimiento. Una vez más, la adaptación se sometía a prueba. A límites insospechados. 
Los primeros días eran los peores. Había que estar pendiente de activar el mecanismo por el cual entraba en la botella el tubo con nutrientes suficientes para mantenerlo por unas horas. Recordaba un poco lo que hace unos 100 años había sido el "tamagotchi". Mascotas virtuales que dependían absolutamente de uno. Ahora, las empresas habían eliminado lo virtual del asunto. Con las nuevas regulaciones sobre genética, crear pequeños seres humanos y dejarlos embotellados hasta que crecieran dentro de la botella era tan sencillo como atrapar grillos. 
Los miniseres, como le gustaba llamarlos a la gente en este hemisferio, no requerían mucho más que un tubo de alimentación, uno que se utilizaba para el aseo diario, tanto como baño como para succionar los desperdicios corporales, que era uno de los elementos que aún faltaba por perfeccionar en el pequeño ser. 
Pronto, las asociaciones civiles protestaron, no por considerar que los miniseres tenían derechos, sino porque creían que eran una estafa para el comprador de buena fe, puesto que no duraban mucho tiempo sin los cuidados necesarios. 
Los gobiernos decidieron retirarlos del mercado. Fue el primer paso para crear el mercado negro de miniseres. Los creaban para el consumo prohibido de gente adinerada que le encantaba coleccionarlos. Los creaban a solicitud de sus futuros dueños. Se decía que los ricos habían llegado a crear colecciones de miles, solo para verlos morir uno por uno y reemplazarlos con otros iguales. 
Los miniseres jamás desaparecerían porque siempre habría gente necesitando más y más gente para divertirse. Para divertirse viéndolos morir de hambre detrás del vidrio. Para hacerlos sufrir a voluntad. Para negarse a escucharlos.  Para quebrar el vidrio. Pocas veces se supo de alguno que logró desarrollar el habla. Los miniseres no tenían memoria o conciencia de más de lo que vivían. En las noticias, el día que los sacaron del mercado, apareció un video del pequeño miniser que rompió el vidrio y gritó "papá" antes de morir de inanición. 
El mundo seguía siendo un nido de malas intenciones. El mundo seguía teniendo a los miniseres. Ahora ya no estaban a la vista. Y muchos eran miniseres. Y no lo sabían.

jueves, 19 de abril de 2012

Mentiras piadosas

La indicación dice que debo responder en monosílabos sin hacer movimientos bruscos y siendo sincero.

Poligrafista: ¿Así que su primer nombre es Jaime?
Jaime: Si.
P: ¿Ha robado alguna vez?
J:  (Pienso en las veces que le quité dinero de las gavetas a mi mamá para comprar un par de peperechas y un glupy en la panadería esquinaopuesta a la Iglesia del Ricaldone.) NO.
P: ¿Practica usted juegos de azar?
J: (Recuerdo los 5 años de universidad (2000-2005), sentado en el redondel de la facultad de Jurisprudencia y Ciencias Sociales, ese nombre pomposo para el derecho, jugando Póker, Blackjack, etc.) NO.
P: ¿Se ha embriagado recientemente?
J: (Pienso en todas las veces que lo hice, las tonterías de marca mayor que cometí en esos lapsus, etc.) NO.
P: ¿Se ha asociado alguna vez con grupos delictivos?
J: (Era quinto grado y no comprendí en ese momento porqué mi mamá se enojó tanto porque me estaba haciendo amigo de unos estudiantes de bachillerato que decían que eran de algo que ellos llamaban la "Mara". NO.

Unas 20 preguntas más, de la misma naturaleza.

Resultado final: Aprobado.

sábado, 17 de marzo de 2012

Atrapado

Es pequeño. Lo más seguro es que sus padres estén muertos.
Ahí está, abandonado en un mundo demasiado grande y cruel para él. Se esconde entre los bordes para que no lo vean cuando sale a explorar para buscar algo de comer. Tiene miedo. Hace días sus padres salieron a buscar algo de comer y no han vuelto. Ya no los puede esperar más. Morirá de hambre si no va a buscar algo. Le dan ataques de pánico instintivo cuando ve sombras en la sala de la casa.
Trata de escapar lo más rápido posible cuando siente que puede ser descubierto. A veces ya lo han visto. Le han impresionado tanto que apenas y ha escapado cuando le han lanzado golpes con escobas. A veces piensa que todo va a terminar mal. Quiere rendirse. 
Está cada día más delgado.No sobrevivirá mucho tiempo. A veces cuando todos duermen va a la basura a tratar de comer algo. Cada vez dejan menos para él.
La vida es difícil para un pequeño gecko al que le matás los padres.

sábado, 7 de enero de 2012

Reloj

El reloj es el sueño.
Estoy acostado y no logro dormirme. Siento que todo se mueve. Está temblando. Algo sucede. Me asusto. Abro los ojos. Estoy seguro que estoy despierto. Estoy sudando helado y respiro rápidamente. Estoy seguro que estoy despierto, pero no lo estoy. Mi hermana entra al cuarto y lanza despectivamente toda mi ropa a mi cama. Dice que debo preparar mi ropa, que no me queda tiempo porque debo irme. Abro los ojos y veo un crucifijo de tamaño mediano. Está quebrado en cinco partes. Sobre mi almohada. Despierto. Veo el reloj de péndulo en mi cuarto. Son las 7:15 de la mañana. Anoto todo y comienzo a sumergirme en la vida real. 

lunes, 8 de agosto de 2011

5 de agosto de 1992

Tengo 9 años. Estoy enamorado. Parece que comenzaría la constante de enamorarme de mujeres con las que todo saldrá mal. Ella llegó en abril. Era hija de un ingeniero gringo que había venido al país contratado por 6 meses para un proyecto. Entonces no sabía que significaba todo eso. Tampoco supe lo de los 6 meses.  Habían venido al país puesto que también era hija de una salvadoreña. 
No tardé demasiado en enamorarme de ella. Como mi abuela era quien pasaba más tiempo conmigo en casa, había tomado el hábito de ver todas las películas de Pedro Infante, Cantinflas, etc. Lo que sabía del amor me lo enseñaba Pedro Infante cantando a las mujeres. Me imaginaba a la pequeña Helen con sus rizos rubios sonriéndome mientras le cantaba alguna canción de Pedro Infante.
Pero como era un niño, lo primero que se me ocurrio fue regalarle una de mis posesiones más preciadas. Mi papá me había regalado un borrador azul en forma de dinosaurio. Le había salido caro para ser un simple borrador. Y apenas una semana luego de haberla conocido, se lo regalé y le dije que me gustaba. Ella me dio un beso en la mejilla y sonrió. No dijo nada más. 
Un mes después logré robar de las cosas de mi mamá un anillo que sabía que a Helen le quedaría demasiado grande, pero sabía mucho mejor que combinaría perfectamente con el azul profundo, eterno, de los ojos de Helen. Se lo regalé unos días antes de mi cumpleaños. Lo recuerdo perfectamente. Lo recuerdo todo. Esa sonrisa bellísima. El beso tibio, largo y dulce que me dio en la mejilla.
Pasaron los meses. Llegamos a la vacación de agosto. Recuerdo que el día que salimos de vacaciones, mi mejor amigo de ese año, Carlos Vásquez, me dijo que a él le gustaba también. Ese día también me di cuenta que se despidió de ambos con la misma sonrisa. 
El 5 de agosto me llevaron a la feria. No podía dejar de pensar en la niña que me gustaba. Siempre he sido bastante idiota en esas cosas.
Me aburrí como siempre en toda aglomeración.  Luego de intentar divertirme un poco, nos fuimos con mis padres en un bus hacia mi casa. En el mismo bus iba Helen. Sus padres tenían carro, pero se había arruinado y no habían querido pagar taxi para esas pocas cuadras a su casa.
Yo iba sentado. Mi mamá llevaba en las piernas a mi hermana.  La mamá de Helen me dijo que llevara en las piernas a la niña. Feliz dije que si y la senté en mis piernas. Tenía ganas de decirle que la quería, por muy infantil que fuese. Nos vimos a los ojos los menos de 10 minutos que fuimos en el bus. Cuando ella se bajó, no sabía que sería la última vez que la vería.

Unas semanas después en el colegio me enteré que ella no volvería. Su papá terminó el trabajo y se llevó a la familia de nuevo a los Estados Unidos.  Un mes después mi mejor amigo enfermó. Leucemia, igual que a mi hermano.  La vida es así.
Life is life and kind is kind...

martes, 30 de noviembre de 2010

El Sentido de la Vida.

Tenía 10 años y mi papá nos había llevado "lujosamente", en el vagón presidencial de los ferrocarriles nacionales, al Puerto de Acajutla. Ahí vi la rampa de abordaje y vi esa inmensa masa de agua moviéndose bajo el barco.
Cuando bajamos, fuimos a la playa. Era diciembre de 1993.  Mientras caminaba con su cara de seriedad con la que nunca dejó de mirarme, recuerdo que se sentó en la arena.
Me senté junto a él con esa necesidad tonta de sentir que mi padre compartía tiempo conmigo.
Tomó una concha quebrada en un orificio y pasó unos minutos contemplándola. Yo lo veía intimidado.
Se levantó y me vio.  Puso la pequeña concha en mis manos y dijo: "Aquí dentro está el sentido de la vida."
Me dio risa. La guardé en mi bolsillo.
En Abril de 1994, 4 meses después mi papá murió.  Tomé la concha, tan solo unos días después del entierro.
La abrí a golpes. Estaba vacía.
La vida no tiene sentido.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Hongo Atómico.

Estaba en el tercer piso de un edificio de cinco.
En la radio informaban minuto a minuto lo último del histórico suceso.
Mis padres insistían que todo terminaría pronto y no tendríamos que seguir durmiendo con un ojo abierto durante demasiado tiempo.
El espeso aroma a muerte entraba suavemente por la ventana apenas entreabierta.
De pronto las noticias hablaban de un inmenso avión plateado que llevaba una carga explosiva lo suficientemente grande como para arrasar el país en una noche.
El presidente habló por radio, diciendo que nuestro país estaba listo para todo tipo de ataques, porque estabamos protegidos por el país más poderoso del mundo.
Vi mi pequeña libreta azul y quise terminar de escribir algo que tenía pendiente desde hace días.
Un estruendo me sacó del silencio.
El ensordecedor sonido se acercaba como la muerte galopante.
Me asomé a la ventana de mi habitación, al costado izquierdo del edificio.
Vi esto:

La nube crecía y venía hacia nosotros. 
Mi mamá me abrazó. Mi hermana me dijo que me quería. Un intenso calor y neblina llegó rápidamente a casa.
Desperté sudando y con los ojos adoloridos. 
No sé lo que debo hacer para dejar de tener este tipo de sueños "apocalípticos". u_u

miércoles, 20 de octubre de 2010

Sobre soñar morir.

Estaba en un cuarto de hotel barato. Como en el que me quedé en San Miguel. 
En la cama una mujer envuelta entre sábanas. 
Yo sentado en el piso con un arma en las manos. Cierro los ojos.
Alguien entra inesperadamente.
Como un relámpago. Bang, bang, bang. 3 balazos.
Uno sobre ella, que queda hecha una mezcla de colores en la cama.
Dos sobre mi. Nunca reacciono. 
Cierro los ojos.

Un cama, esta vez de hospital.
Estoy lleno de tubos. Para respirar, para comer, orinar.
Mi madre sentada con los ojos rojos en una pequeña silla junto a la cama. 
Junto a ella, mi hermana abrazándola.
Apenas y muevo mi mano. Giro el cuello para verme. Mi pecho está cosido y con vendas. 
Otra vez el movimiento repentino de la puerta.
Un bang, dos bang. 
Sangre cubriéndome los ojos.
Mi madre grita. Mi hermana llora.
Miro a mi hermana y le digo que la quiero mucho sin importar todo lo mierda que haya sido con ella.
Todo comienza a empañarse y le digo a mi madre que me perdone por no haber sido el hijo que ella necesitaba.
Despedida de lecho de muerte.

Telón.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Sobre la A

Ahora, Alberto, ávido animal anormal atento a atacar avorazadamente al abyecto antipático artista, anualmente arruina arsenal, arte. Agudo aire ahumado.
Adormecido, afronta al armado adversario.
Al agonizante antiguo apátrida.
Acabado.

miércoles, 28 de abril de 2010

La Primera Palabra

La sala está llena.
Las luces se apagan y la función comienza.
El actor comienza su monólogo y la gente le brinda toda su atención.
En la tercera fila el silencio se interrumpe.
Es llanto.
Comienzan los murmullos.
Un encargado del teatro se acerca para evitar mayor interrupción.
En medio del barullo se escucha: "Mamá".
La señora ríe.
"Es su primera palabra".

sábado, 20 de febrero de 2010

Casi Humano...

Supongo que...
Se levanta de la cama a las 6:30 de la mañana.
Se baña obligado, se viste, se despide de sus hijos. Cierra la doble cerradura, por la necesaria seguridad.
Llega al trabajo, donde su jefe lo odia, porque no existen los empleados, sino los números y la productividad.
Trabaja en una empresa-si tiene suerte o alguna conexión-y comienza la jornada laboral seguro de no haber hecho nada con su vida.
Ve como el tiempo pasa con tanta lentitud en su reloj.
Aburrido.
Llega la hora del almuerzo y toma sus cosas personales.
Se dirige a un comedor económico donde pueda leer el periódico en paz.
16 muertos diarios.
Niños raptados en los hospitales nacionales.
Este año la economía no crecerá.
Aprueban las escuchas telefónicas.
Estamos a un par de semanas de la entrega del Oscar.
Este año los niños reciben zapatos y uniformes escolares gratuitos, pero pueden morir a la salida de la escuela.
El salario mínimo aumenta de nuevo. No sabe si reír o llorar por los 4 dólares extra que "ganará".
El famoso circo ruso llega con sus atracciones...
Decepcionado, pero sin entrar en pánico, más que en resignación, termina su minùsculo plato de $2, con posibilidad gratuita de enfermedad gastrointestinal de esas tan en boga.
Enrolla el periódico. Se frustra.
Regresa a su puesto de trabajo.
La jornada termina a las 5 PM.
Se retira.
En el bús, se logra colar junto a esa mole llena de cuerpos sudorosos y tristes, que gritan para hablar entre sí, que se empujan y critican como si fuera deporte.
Se sube la clásica payasita-otra vez embarazada- que ríe por no llorar.
Luego el tipo que vende plumas.
Luego el de los chicles.
50 minutos más tarde se baja del bus.
Camina unos metros y la línea amarilla lo detiene. Hombre de unos 45 años, dos balazos en el cuello. Charco de sangre. Lávese allí nomás...
Entra a la colonia. Entrega la respectiva moneda de $0.25 y llega a casa.
Lo espera una cena nutritiva de frijoles.
Se acuesta a ver televisión, con su esposa cansada.
La abraza. Duerme.
Por la ventana se ve la luna.
Se oyen los grillos.
Tal vez mañana sea mejor.
Eso pasaría en este país, por la mente de un oso al que hacen pasar por "casi humano"...

jueves, 1 de enero de 2009

Ensayo # 34

Ensayo # 34
Repentinamente ese jueves el se despertó sobresaltado, y se dio cuenta de que no sabía quien era, ni
que estaba haciendo ahí, en una inmensa sala negra llena de armas. No podía recordar su nombre
ni que había estado haciendo nunca. No podía recordar nada.
La sala era enorme, con líneas de ensamblaje que no conocían un final, y cintas transportadoras, y con el aterrador sonido de las partes que estaban siendo ensambladas.
Tomó una de las finas navajas acabadas de una caja donde estaban siendo, automáticamente, empaquetadas. Evidentemente había estado operando en la máquina, haciendo que una pulidora las dejara nitidas y listas para la venta, pero ahora estaba parada.
Recogía la navaja como algo muy natural. Caminó lentamente hacia el otro lado de la fabrica, a lo largo de las rampas de vigilancia. Allí había otro empaquetando balas.
“¿Quién Soy?” - le dijo pausadamente, indeciso, y sudando a mares.
El otro continuó trabajando. No levantó la mirada, daba la sensación de que no le había escuchado.
“¿Quién soy? ¿Quién soy?” - gritó, y aunque toda la fábrica retumbó con el eco de sus salvajes gritos, nada cambió. Los demas continuaron trabajando, sin levantar la vista.
Agito la navaja, la lanzo y tomó un plateado, a decir verdad cromado revolver, que puso junto a la cabeza del que empaquetaba balas. Le golpeó, y el empaquetador cayó, y con su cara, golpeó la caja de balas que cayeron sobre el suelo.Se esparcieron como agua por el piso.
Recogió una. Era el calibre correcto. Cargó varias más. Escucho el sonido de fuertes pisadas tras él, se volvió y vio a un uniformado de negro caminando sobre una rampa de vigilancia. ” ¿Quién soy?” - le gritó. Realmente no esperaba obtener respuesta.
Pero el hombre miró hacia abajo, y comenzó a correr.
Apuntó el revólver hacia arriba y disparó dos veces. El hombre se detuvo, y cayó de rodillas dando un sonoro golpe, pero antes de caer, pulsó un botón empotrado en la pared.
Una sirena comenzó a aullar, ruidosa y claramente.
“¡Asesino! ¡asesino! ¡asesino!” - bramaron los altavoces.
Los trabajadores no levantaron la vista. Continuaron trabajando.
Corrió, para intentar alejarse de esa pesadilla, de ese altavoz. Vio una puerta, y corrió hacia ella.
La abrió, y cuatro hombres uniformados igualmente de negrto aparecieron. Le dispararon con extrañas armas. Los rayos pasaron a su lado.Disparó tres veces más, y uno de los hombres uniformados cayó, su arma resonó al caer al suelo.
Corrió en otra dirección, pero más uniformados llegaban desde la otra puerta. Miró furiosamente alrededor. ¡Estaban llegando de todos lados! ¡Tenía que escapar! Trepó, más y más alto, hacia la parte superior. Pero había más de ellos allí. Lo tenían atrapado. Disparó hasta vaciar el cargador del revolver.
Se acercaron hacia él, algunos desde arriba, otros desde abajo. ” ¡Por favor! ¡No disparen! ¡No se dan cuenta que solo quiero saber quien soy!” Dispararon, y los rayos de energía le abatieron. Todo se volvió oscuro…
Les observaron como cerraban la puerta tras él, y entonces el ruido se alejó. “Es increíble como estos simios toman conciencia cada vez más rápido,” dijo el vigilante.
“No lo entiendo,” dijo el segundo, rascándose la cabeza. “Mira ese. ¿Qué era lo que decía este último, el #34? Solo quiero saber quién soy. Eso era. Parecía casi humano. Estoy comenzando a pensar que están modificando demasiado bien los genes de esos malditos simios .”
Observaron al equipo de readaptación de animales para trabajos industriales desaparecer por la esquina llevando en una pequeña jaula al joven simio, con su rastro de futuro esparciendose en el camino.
Será mejor que no les diga que estaba sintiendo lo mismo mientras empacaba estas brillantes navajas...