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jueves, 13 de abril de 2017

Papá y las Sonoras

Abril es caldo de cultivo para lo mejor y lo peor.
Abril son 4 semanas de triunfos y fracasos, intercalados de algo a lo que a veces le llamamos vida.
Abril es un bache existencial. Un año significa felicidad, el otro depresión.
Este año son ya 10 de estar ocupando un espacio acá, y Abril siempre, siempre me va a dar por estar recordando.
Papá murió hace más de 20 años, y es normal que cueste recordar cosas cuando el tiempo se sigue haciendo tan y tan grande entre los eventos, pero a mí se me hace fácil.
Encontré un viejo cassette en que mi papá tenía una docena de canciones de sus Sonoras favoritas, ya sea la Santanera o la Matancera. Yo nunca terminé de entender eso.
Solo sé que mientras recuerdo mi adolescencia por la música pop tonta venida de México, o las baladitas venidas desde España, voy a recordar mi niñez con canciones igualmente tontas, pero que ahora significan el vago recuerdo de las cosas en orden.
Por eso cada vez que escuche aquella de "A ver, a ver, a ver cómo haces, para engañar a tu mujer..." sentiré la picardía que quizás alguna vez sentí que heredé de papá.
Y cuando suene lo de "Los aretes que le faltan a la luna, los tengo guardados en el fondo del mar", sentiré que es poesía pura. Aunque sea de señor.
Luego, cuando suene La Boa, siempre me dará risa.
Las Luces de Nueva York siempre me darán nostalgia.
Y así se vive, recordando las cosas, que a veces tristes nos hacen pensar que las cosas eran distintas, quizás no mejores, y que todo, absolutamente todo, hace sentido en la búsqueda interminable de la felicidad en una vida carente de propósito.
10 años de blog.
Más de 20 años sin papá, y claro, la vida sigue, pero nos vamos muriendo un poquito. Todos los días.
Hay que seguir batallando.

jueves, 1 de octubre de 2015

Tiempo perdido

Pasan los días y no pasa nada importante. Salgo de casa, voy al trabajo, llega la tarde, oscurece, vuelvo a casa. Ceno, veo tv y finalmente duermo.
Nada importante pasa.
Porque cuando vos estás, a las 8:30 am ya han pasado suficientes cosas importantes para contarte. O quizás porque cada día si estoy con vos lo que sea que haga se vuelve importante. 
Quizás por eso estos días no han sido más que tiempo perdido.

martes, 28 de abril de 2015

8 años

El 4 de abril cumplí 8 años de escribir bazofia y media. Y a veces pienso que gracias a este pedazo de papel falso, he conocido gente valiosa. He conocido también gente valiosa que me ha olvidado. He conocido amigos que jamás pude conocer por otro medio. 
Más de mil entradas después, es fácil decir que no soy el mismo. No sé si soy mejor, pero no soy el mismo. 
Y a veces siento que escribir acá es una burla, un experimento que ni siquiera tiene sentido, pero luego recuerdo, que es la palabra lo que va a quedar flotando, cuando caiga la bomba, cuando llegue el punto final, cuando Godot se asome. Y yo, puede que ya no esté aquí entonces.

jueves, 26 de marzo de 2015

999 formas del amor: #421

Tus manos.
Tus manos sintiendo, trabajando, tocando.
Tus manos pequeñas y tibias.
Tus manos junto a las mías.

jueves, 19 de febrero de 2015

Los imagólogos

Porque la realidad supera a la ficción.



Dice Kundera en "La Inmortalidad":

"El político depende del periodista. ¿Pero de quién dependen los periodistas? De los que pagan. Y los que pagan son las agencias publicitarias, que compran de los periódicos el espacio y de la televisión el tiempo para sus anuncios.

A primera vista se diría que se dirigirán sin vacilar a todos los periódicos que se venden bien y que pueden, por lo tanto, incrementar la venta del producto ofrecido. Pero ésa es una visión ingenua del asunto. Vender el producto no es tan importante como creemos. 

La Imagología. ¿Quién inventó primero este magnífico neologismo? Lo importante es que esta palabra nos permite unir bajo un mismo techo lo que tiene tantos nombres: las agencias publicitarias, los asesores de imagen de los hombres de Estado, los diseñadores que proyectan las formas de los coches y de los aparatos de gimnasia, los creadores de moda, los peluqueros y las estrellas del show bussines, que dictan la norma de belleza física a la que obedecen todas las ramas de la imagología.
Claro que los imagólogos existían antes de que hubieran creado sus poderosas instituciones, tal como las conocemos hoy. Hasta Hitler tenía su imagólogo personal, que se ponía ante él y le enseñaba pacientemente los gestos que debía hacer durante sus discursos para fascinar a las masas. Hoy, el imagólogo no sólo no oculta su actividad sino que con frecuencia habla en lugar de sus hombres de Estado, le explica al público lo que les ha enseñado y lo que ha logrado que olvidaran, cómo van a comportarse, de acuerdo con sus instrucciones, qué fórmulas utilizarán y qué corbata llevarán puesta. Y no debe extrañarnos su autosuficiencia: la imagología ha conquistado en las últimas décadas una victoria histórica sobre la ideología.

Todas las ideologías fueron derrotadas: sus dogmas fueron finalmente desenmascarados como simples ilusiones y la gente dejó de tomarlos en serio. Los comunistas, por ejemplo, creían que durante el desarrollo del capitalismo el proletario iba a empobrecerse cada vez más, y cuando un buen día se demostró que en toda Europa los obreros iban a su trabajo en coche, tuvieron ganas de gritar que la realidad les estaba haciendo trampas. La realidad era más fuerte que la ideología. 
 
 
 

Los sondeos de opinión pública son el instrumento decisivo del poder imagológico, que gracias a ellos vive en total armonía con el pueblo. El imagólogo bombardea a la gente con preguntas: ¿cómo evoluciona la economía francesa? ¿Habrá guerra? ¿Existe en Francia el racismo? ¿Es el racismo bueno o malo? ¿Quién es el mejor escritor de todos los tiempos? Y como la realidad es para el hombre de hoy un continente cada vez menos visitado y menos amado, para lo cual tiene motivos suficientes, los veredictos de los sondeos se han convertido en una especie de realidad superior o, por así decirlo, se han convertido en la verdad y, aunque sé que todo lo humano es perecedero, no soy capaz de imaginar qué es lo que podría acabar con este poder.

Los imagólogos crean sistemas de ideales y antiideales, sistemas que tienen corta duración y cada uno de los cuales es rápidamente reemplazado por otro sistema, pero que influyen en nuestro comportamiento, nuestras opiniones políticas y preferencias estéticas, en el color de las alfombras y los libros que elegimos, tan poderosamente como en otros tiempos eran capaces de dominarnos los sistemas de los ideólogos.

Tras estos comentarios puedo volver al comienzo de la reflexión. El político depende del periodista. ¿De quién dependen los periodistas? De los imagólogos. El imagólogo es un hombre de convicciones y de principios: exige del periodista que su periódico (canal de televisión, emisora de radio) responda al sistema imagológico de un momento dado. Y eso es lo que los imagólogos controlan de tanto en tanto, cuando deciden si van a apoyar a este o a aquel periódico..."
 
Buenas noches, muchas gracias.

martes, 3 de febrero de 2015

La generación de la relevancia

"El ojo de uno ha sido reemplazado por los ojos de todos. La vida se ha convertido en una gran orgía en la que todos participan. La cámara parece interesarse solo por los famosos, pero basta con que a escasa distancia de ustedes caiga un avión, basta con que de sus camisas salgan llamas para que de pronto ustedes también sean famosos y formen parte de la orgía general, que nada tienen en común  con el placer y que se limita a poner publicamente en conocimiento de todos que no tienen dónde esconderse y que a cualquiera está a merced de cualquiera".  Milan Kundera en "La Inmortalidad".
Pienso en Facebook, en twitter, en la televisión, en la publicidad. Kundera nunca fue tan actual.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Los errores




"Los errores tienen casi siempre un carácter sagrado. Nunca intentéis corregirlos. Al contrario: lo que procede es racionalizarlos, compenetrarse con ellos integralmente. Después os será posible sublimarlos".
 Salvador Dalí, "Diario de un genio".

Y siempre, de cualquier forma te das cuenta que Dalí era un genio de verdad.

lunes, 10 de noviembre de 2014

La vida

"La vida, según Óscar, se reducía a una larga serie de trampas mortales. Podías morir en cualquier momento y de cualquier cosa, de un mal movimiento del médico que te traía al mundo o por resbalar en la bañera. Bastaba ver los noticieros o las salas de emergencia de los hospitales para confirmarlo. Era necesario estar alerta".  Óscar y las mujeres, de Santiago Roncagliolo.

Yo quería escribir aquí

Yo quería escribir acá, como quien ve una pared y sabe que lleva una verdad en sus manchas.
Yo quería escribir acá como si sirviera de algo. Pero no.
Hay 3 razones para no escribir acá:

1) Mi opinión de lo que sea no tiene la menor importancia.

2) No soy el mismo de antes, que escribía sobre cualquier cosa.


 y finalmente:

3) 

domingo, 6 de julio de 2014

Ritualized

"Nothing stinks like a pile of unpublished writing, which remark I guess shows I still don't have a pure motive (O it's - such-fun-I-just-can't-stop-who-cares-if-it's-published-or-read) about writing... I still want to see it finally ritualized in print".
Sylvia Plath

miércoles, 11 de junio de 2014

Poem

"Do you know what a poem is, Esther?
"No, what?", I said
"A piece of dust."  And he looked so proud of having thought of this..."

The Bell Jar.

viernes, 23 de mayo de 2014

Vivir

Uno vive.
Uno vive y dice que vive.
Uno vive y dice que vivir es feliz.
Uno vive y piensa que no te va a tocar, que la sangre quedará en alguna calle de una colonia en la que no te tocó vivir.
Uno ve la muerte asomarse. Le cierra la puerta como si no supiese que la muerte tiene todas las llaves. Sin excepción.
Uno camina, con los zapatos dejándole el camino marcado al verdugo, esperando el día en que te toque ser el número de las noticias. El nombre al que le adjudican el clásico: "en algo andaba metido", o el ya muy trillado "no se descarta que sea miembro de pandillas".
Uno ve los noticieros y mezcla la nueva canción de Shakira con los nuevos créditos del banco, que hasta te regala televisores, con la sangre, espesa, secándose con el sol, dejando su pegajoso olor a futuro roto.
Uno ve las listas de muertos. Cada día la revisa y chequea cual conocido estará en la lista. Hoy faltará a la vida, como faltando a una lección.
Uno piensa, uno tiene pesadillas. Uno sabe que no puede confiarse. Uno teme. Uno normaliza todo.
Uno establece principios de supervivencia.
Uno no vive.
Yo llevo en mi billetera un papel que dice "Si me matan, fue delincuencia común. No tengo ningún nexo con las maras ni con el narco", porque uno siempre debe cuidarse tanto como puede.

sábado, 17 de mayo de 2014

Los hijueputas

Un hijueputa de traje lleva en un portafolio la vida de cien hijueputas.
El hijueputa triste llora lágrimas de hijueputa repetitivo.
La hija de puta se funde en un abrazo con el mismo hijueputa que le pegó hace un par de horas.
Hijos de puta encubiertos colgando fotos en las paredes de hijos de puta que les pagan sus salarios.
El hijueputa extraña, llora, ríe, sufre.
El hijueputa camina con la seguridad de la trascendencia de la hijueputez.
El hijueputa sordo                                                por elección.
El hijueputa por herencia, por adoración constante de la genética y la nostalgia.
El hijueputa miente y pretende, lleva una lista de las personas que odia, porque son más hijueputas que él.
El hijueputa odia al pobre hijueputa que no tiene las cosas que él si, y detesta irremediablemente a los hijueputas que si las tienen.
El hijueputa tiene una esfera de hijueputez, que carga consigo con algo muy parecido al orgullo.
Se regodea el hijueputa de su condición. Se sienta y declara ante el juicio de los otros hijueputas.
El hijueputa sonríe y sabe que las cámaras lo enfocan. Y miente.
Y los hijueputas disfrutan burlándose del hijueputa que declaraba.
El hijueputa está aquí, allí, dentro, fuera, en el centro.
El hijueputa         sin                                        género.
El hijueputa         sin                                        nombre.
El hijueputa sin ascendencia ni descendencia. Un humano, tan hijueputa como el que vino antes y como el que le sobrevendrá.
El hijueputa                                             eterno,
                                                                         infinito,
                                                                                    desalmado y etéreo.
El hijueputa hasta el final del tiempo, en el que el último de los hijueputas abre el portafolio y decide el fin.

jueves, 24 de abril de 2014

Coincidencias

Hace alrededor de 4 años tuve una de esas experiencias que pueden quedar para siempre en el campo de la anécdota. 
Un día sin motivo recibí un comentario en una entrada de este blog, que decía:
"Te encontré mientras investigaba sobre Raúl Marín, un maestro pintor nicaraguense.Me ha gustado mucho tu blog. Ojalá estemos en contacto".

Decidí corresponder con un comentario en su blog y me pareció interesante la historia del homónimo. Iba incluso a escribir un relatito sobre algo así. Como todo en la vida, la felicidad, la paciencia, el optimismo y la misma vida, lo fui aplazando.Así, un par de meses después cuando la noticia se esparció sobre la trágica muerte del poeta Francisco Ruiz Udiel, recuerdo lo extraña y efímera que es la vida, y como se puede coincidir a veces sin sentido, a veces por algo tan simple como un nombre, como la palabra esa que han usado para que te reconozcás a vos mismo.

Pero queda la poesía:


CADA CUATRO AÑOS NACE UNA POETA SUICIDA

A Sexton, Plath y Pizarnik
Nacidas en 1928, 1932 y 1936

Cada cuatro años la muerte
abre la llave del gas de una cocina,
se fuma un cigarrillo en el sofá y espera.


Otras veces enciende el motor de un automóvil
dentro del garaje
y canta Chair in the Sky,
un poco de jazz no despertará
a las muñecas recién maquilladas, piensa.

Cada cuatro años la muerte toma
anfetaminas para adelgazar,
pero se le pasa un poco la mano
y ya no despierta.

No se pone triste, ni alegre, ni neurótica, no,
pero cada cuatro años
la muerte amanece lúgubre
y observa la tarde roja
desde una ventana.
Alguien trata de invocarme, dice,
y cierra amargamente los ojos.

A mí me da pesar, no sé,
es como si ella quisiera decirnos
o contarnos algo desde su delgado rostro blanco,
como si estuviera cansada de estrangular mujeres.
Yo la conozco muy poco,
pero me consta aborrece
su funéreo oficio.
Últimamente la han visto respirar
cierto aire suicida.

Cada cuatro años a la muerte
se le irritan los ojos,
sabemos que ha llorado, lo sabemos,
pero callamos,
sabemos también que busca algún vientre
y como ella no tiene el privilegio
de la carne materna
aferra entonces sus fríos y delgados dedos
en el primer ombligo que encuentra.

Por eso cada cuatro años algunas niñas
ya vienen muertas.




lunes, 7 de abril de 2014

Incomprensible

En la 101 D:
6:00 PM Acabo de subir al bus. Encontré uno de los pocos asientos disponibles. Me siento cansado y podría dormir fácilmente en unos minutos mientras voy sentado.
6:10 PM Señora se sube al bus. Otra señora la sigue. Ninguna pasa de los 50 años.
La señora que se subió primero comienza a proferir insultos: "Ahora no hay caballeros, puros animales estúpidos que no le dan el asiento a una mujer. ¿Dónde quedó la caballerosidad? ¿Dónde quedó la educación? Bárbaros, animales imbéciles que no piensan en las pobres mujeres. "
 Cualquier atisbo de intención de darle mi asiento se desvaneció en segundos.

lunes, 24 de marzo de 2014

Hijueputa honorario

El sábado bajó un ovni en el gimnasio nacional y trajo 2 horas y 27 minutos del que probablemente haya sido el concierto más desorganizado y más genial que he visto.


Durante casi 2 horas y media, Enrique Bunbury hizo que la gente cantara cada canción de una trayectoria que recorrió desde su tiempo en Héroes del Silencio hasta su último disco, "Palosanto".
El concierto exitoso para los menos de 4000 espectadores hizo que la pobre organización quedara en pequeño mal recuerdo.
Cantar y cantar, con el uso de la pantalla para mostrar como el cambio social depende de vos, y hacer tuyos los versos, y decir aquello de "Nada puede dañarme con mis amigos", o lo de "Porque me dejo querer por ti", sabiendo que veía a los ojos a quien dejo que me quiera, hicieron que la gente cayera, cayéramos, rendidos ante la ejecución musical y la voz de Bunbury.
Y no fue todo. Fueron también las 2 veces que volvió luego de haberse despedido. Fue cuando sonó "El hombre delgado que no flaqueará jamás", y perdí la voz de tanto gritarla. Me valió la acusación de plagio a Mazariego, la canté como si no existiese el mañana.
Fue la noche en la que supe que la colectividad se volvía una para alimentar al artista, y hablo espiritualmente. Enrique Bunbury era un animal que se alimentaba de los aplausos y de la gente coreándolo.
No es el que más interactúa con la gente, ni el que se desenvuelve mejor en el escenario, pero cuando quiere te deja sabiendo que ha valido la pena verlo.
Junto a mí había un tipo vestido por completo de negro, con su sombrero Bunbureano, que a cada rato decía para referirse a Bunbury: "El hijueputa".
"El hijueputa bajó de un OVNI"
"El hijueputa es un genio".
"El hijueputa es un éxito.".
"Bárbaro hijueputa".
"Gracias hijueputa".
"Es todo un hijueputa".
Y pensé en Roque y los guanacos hijos de la gran puta, mis hermanos.
Gracias Bunbury, hijueputa honorario.

P.s En la foto que ilustra este post, sacada de la página oficial de Bunbury, salgo con mi novia. Y eso jamás se me olvidará. 

martes, 25 de febrero de 2014

Se acabó

Cada noche camino unos 25 minutos hasta mi casa. Puedo tomar un bus pero prefiero caminar. Ir solo es mejor. 
Y cada noche, ahí estaba. Un especimen de esos que son mis favoritos de la raza humana. A algunos les gustan los niños porque la ingenuidad los hace ser buenos. A mí no. 
Cada vez que veo a un anciano siento la ternura de estar viendo a alguien que volvió a ser niño. De repente siento un poco de tristeza de saber, o al menos sospechar que jamás me acercaré, ni a la edad ni a la sabiduría acumulada en el más común de los ancianos.
Y ahí estaba con su canasto de pan. La ancianita a la que siempre le gustaba platicar. 
A veces me desesperaba. Yo solo quería comprarle para, inutilmente, sentirme mejor, y ella insistía en saber como estaba mi familia, como me iba en el trabajo, como me sentía. 
Un par de veces pensé en simplemente cambiar de camino porque no me gustaba quedarme mucho tiempo ahí. Igual seguí pasando y compraba. 
Una vez simplemente decidí que tenía que dejar de comprar por ganar mi autoindulgencia, y de paso la saludé con amabilidad. Ella preguntó si iba a comprar algo de pan. Le dije que esa noche no. Me vio tristemente y me dijo "Se acabó". 
Fue la última vez que la vi. 
Tenía unos 80 años. 
Quiero creer que ahora, en alguna otra acera de alguna otra calle, está preguntándole a sus clientes, cómo les va en el trabajo, cómo va la familia, cómo está de salud. Con su sonrisa, y la mirada de comprensión que jamás lograré tener.

miércoles, 19 de febrero de 2014

21

Hace 21 años yo era un niño que recién afrontaba el dolor del primer enamoramiento. Me sentaba a ver desde la terraza del tercer piso del edificio donde entonces vivía. Me gustaba estar solo. Siempre me gustó.
Era un niño, pero siempre pensé que había algo conmigo, con mi apariencia, con mi personalidad, que no le agradaba a la gente. 
La paz había sido firmada hace poco y la gente estaba expectante de la próxima elección presidencial. En mi casa, un viejecito de 65 años se sentaba a conversar conmigo como si fuésemos adultos los dos. Me decía que votaría por Chávez Mena, pero que sabía que nada cambia nada. Que lo único que lo podía hacer a uno feliz era querer a la gente. 
Era un señorón don José Agapito. No puedo decir que ese señorón me haya dado impresionantes lecciones de vida, pero si recordaré por siempre que todo hombre necesita a diario recordarle a su gente que la quiere. Todos los días abrazo a mi mamá pensando en eso. Todos los días le digo que la quiero, porque así aprendí, a decir las cosas antes que sea demasiado tarde. Todo eso si lo aprendí de mi abuelo. 
Hace 21 años lo escuché por última vez. Días antes de morir nos sentamos a ver por la terraza. 
"Estoy cansado", fue lo último que me dijo.  Luego se durmió. Al día siguiente estaba hospitalizado. Luego no volví a escucharlo. 
Conocí la muerte desde muy pequeño, y también conocí aferrarme a la gente. Porque, ¿sin la gente qué nos queda?  Ahora a mi abuela aún se le aguadan los ojos cuando lo recuerda. Cuando sabe que es con quien compartió tantos años de su vida. Cuando el tiempo juntos significaba la vida entera. Mi abuela es el fiel testigo del amor mismo por mi abuelo. Les debo tanto a mis viejitos. 
Hoy, solo escribo porque lo escrito queda más que yo, porque uno no puede irse nunca sin decir cuanto quiere a la gente.  Hacés falta, Papá Pito.

miércoles, 29 de enero de 2014

Los 10 mejores estados de mi Facebook (Gracias al generador de estados)

Gracias a mis amigos que encontraron esta maravilla  que te genera estados aleatorios basados en tus propios estados viejos en facebook. Mezcla lo que sea que hayás publicado. Y genera algunas joyas como las que leerán a continuación:

1)  Sleep is the privilege of all life.

2) Mi vida anterior fui eterno.

3) Yo solo veo el sombrero.

4) Más enfermedad que el éxito.

5) La Ele está en todas partes.

6) Ahí va la nada, porque ella no es bastante ni conocer todas las canciones cuentan una historia, casi siempre triste.

7) Durante años comencé a ordenar mis películas matándome una y otra persona, lo que confirmara que te da igual hoy que tuve chance.

8) Todo es bueno para los condenados a vida no hay mejor estimulante que la competencia y la alternativa imaginaria.

9)  I'll see you on the dark discrete room and left.

10) Para los locos nunca es una forma de arte.

Es fácil, hagan sus ejercicios y quizás encuentren poesía en lugares inesperados. 








jueves, 26 de diciembre de 2013

8 libros que leí en 2013

Leo libros porque me los regalan o porque se me acumulan y tengo que leer de todo. No puedo fiarme de tener un gusto brillante o de ser la persona con la mayor autoridad académica para decir cuales fueron mis libros favoritos del año, y no sé si necesite serlo. Soy una persona aburrida que apenas y leyó 16 libros en el año. El último lo terminé hace unas horas.
Esta es la lista de los 8 libros que más me gustaron de los 16 que leí en el 2013. ¿Por qué 8? Porque la lista no necesita más.



1. La Fiesta del Chivo. (Mario Vargas Llosa)
La maravillosa ficción sobre la cruel dictadura de Trujillo y el complot para matarlo. Narrado de una manera brillante, te hace que te empapés de historia dominicana desde su óptica.


2. El Viajero del Siglo. (Andrés Neuman)
Neuman es el futuro clásico que esperaba la literatura latinoamericana. Es algo así como el Bolañito de las futuras generaciones. Un narrador acucioso, brillante, que te cuenta una historia enternecedora, te brinda detalles ingeniosos, te llena de datos, y al final no sentís lo que tardaste en finalizar el libro. El organillero es uno de esos personajes que sabés que son ficción y sentís su muerte.


3. El evangelio según Jesucristo (José Saramago).
La historia sobre Jesús, que solo Saramago podía contar.

4. Mala índole. (Javier Marías).
La selección de los cuentos más completa de Javier Marías. Una colección inolvidable de personajes cotidianos en situaciones increíbles.

5. Pobrecito Poeta que era yo (Roque Dalton)
La experimentación. La metaficción. La ambición de mezclar estilos. Siento que el valor de intentar encontrar una voz entre estilos vale más que la crítica sobre si salió bien o no.

6. Extremely loud and Incredibly close. (Jonathan Safran Foer)
Lloré. Pensé en mi papá. Empaticé con el personaje. Y las situaciones que te hacen pensar en la tristeza, la soledad y el desapego como parte de los caminos inseparables con la felicidad, el amor y la compañía.


7. Travesuras de la niña mala. (Mario Vargas Llosa).
Una historia de amor que es una historia de décadas de abusos en una relación condenada a los fracasos desde siempre. Una vez más, personajes entrañables.

8. Los Juegos Furtivos. (Alfonso Chase).
La novela que todos deberíamos leer en momentos de soledad.


En fin, los otros libros que leí también fueron geniales, con una minúscula excepción que no mencionaré.
Estos libros, en algunos casos había tardado en comprarlos, otros fueron regalos y otros habían sido una tarea pendiente que al fin logré cumplir sin escapar de ella.
Porque el 2013 no fue un año para desertar.