martes, 13 de agosto de 2013

Las edades

"- Lo peor de estas edades es que a uno le parecen ajenas- me había dicho la noche de su muerte, durante la cena. Su cumpleaños había sido hace una semana, pero yo no había podido felicitarlo al estar él aquel día ausente en Londres. No había podido hacerle las tradicionales bromas por tanto, yo tenía tres meses menos y me permitía llamarlo "viejo" durante ese periodo. Ahora tengo dos años más de los que él tuvo nunca, diblé mi esquina-. Hace unos días leí en el periódico una noticia que hablaba de un hombre de treinta y siete años, y en efecto la asociación de esa edad y la palabra "hombre" me pareció adecuada, para el individuo al menos. Para mí, en cambio, no lo sería. Yo todavía espero inconscientemente que se refieran a mí como a "un joven" y desde luego cuento con que me tuteen, y figurate, soy ya dos años mayor que ese hombre de la noticia. Los años deberían cumplirlos siempre los otros, hacernos ese favor. Es más: al igual que antiguamente los ricos pagaban a un individuo pobre para que hiciera el servicio militar o fuera a la guerra por ellos, debería ser posible comprar a alguien que cumpliera por nosotros los año. De vez en cuando nos quedaríamos con alguno, este año es mío, ya estoy harto de tener treinta y nueve. ¿No te parece una excelente idea?"

"Sangre de Lanza", de Javier Marías.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Harmony

El recurrente camino a casa. Paso por un gimnasio lleno de sudorosas señoras y señoritas que salen y entran a sus respectivas clases de lo que sea que se haga en un gimnasio.

Voy con mis audífonos puestos como siempre. Escucho Morrissey. Suena "Nobody Loves Us". No me doy cuenta cuando la voy cantando. Como dice mi abuela, camino como un cerdo, viendo al piso, sin observar la cara de nadie. No tiene sentido ver al frente. Casi me doy de frente con dos chicas que salen del gimnasio. Me disculpo con mucha vergüenza. Las dos chicas sonríen. Se ve que son de alguna parte de los Estados Unidos, o algo así. Los rasgos anglosajones las delatan. 
Una ve a la otra y le dice: "See, that's what I was talking about, this guy doesn't have a great voice but he's got plenty of harmony". Sigo mi paso despidiéndome y me quedo pensando en lo mala que es mi voz, y en qué quiso decir ella con mi armonía. Siento que me dijeron simpático, que es el clásico "feo pero agradable". 
Sigo cantando.

Encrucijada moral Nº 797

Camino a mi casa en tarde- noche de un martes que parece domingo solo por la vacación. 
Trato de llegar temprano porque he prometido a mi abuela, que no vive conmigo, que tomaré café con ella antes que se vaya. Eso suele ser a las 7 pm. Son las 6:40 pm cuando camino.
Llevo mis audífonos puestos para que nadie me interrumpa en mi camino. Funciona siempre. Casi siempre.
Una señora de unos 85 años me llama desde el otro lado de la calle. Cruzo, le pregunto que necesita y me dice que necesita encontrar una tienda cerca. Es 6 de agosto y obvio todo está cerrado. Recuerdo la única tienda cercana que abre todos los días del año. Una tienda que se mantiene por los ebrios de las colonias cercanas. Le menciono a la viejecita que si necesita algo de ahí la puedo llevar a la tienda porque queda camino a mi casa. Acepta, pero la lluvia está cercana y le digo que si gusta, le puedo ir a traer lo que necesite sin que ella camine hasta la tienda. Acepta. Saca 3 monedas de $1 y me dice que quiere una cajetilla de diplomat rojos. No sé qué decir. Pienso muchas cosas. Pienso que ella no debería confiar en un extraño y darle su dinero. Pienso que yo no debería comprarle cigarros. Pienso que no me gustaría que a mi abuela le pasara eso. Estoy en una encrucijada de esas en las que me meto cuando aparentemente son cosas sencillas. 
Corro y compro la cajetilla de cigarros. Le llevo el cambio y le entrego todo. Entonces me ve con esos enormes ojos llenos de pasado doloroso y me dice: Yo sé que no me vas a dejar hasta que llegue a mi casa. 
No puedo negarme, le pregunto donde es y camino con ella. Es alrededor de 5 cuadras abajo de donde la encontré. La llevo y me cuenta que tiene 3 hijos, un abogado y dos ingenieros. Le digo que soy abogado, no me cree. Me pregunta mi edad y me dice que está segura que tengo 21. No le creo y sé que lo dice por cortesía. 
Llegamos a la puerta de su casa. Me entrega sus llaves y me dice que busque la que está manchada de rosado. Es la de su casa. Ninguna llave está manchada. Las pruebo todas hasta que encuentro la correcta. Pienso que ella no debería confiarle sus llaves a un extraño. Me dice su nombre y me dice que su casa está a mis órdenes el día que yo necesite lo que sea. 
Camino a casa, olvido su nombre y me quedo pensando en esa mirada de tristeza acumulada durante años. Mientras tanto es tarde y mi abuela me espera para el café.

domingo, 4 de agosto de 2013

Lo que falta por hacer

Tarde o temprano todos moriremos. No imagino llegar a anciano y morir en la comodidad de una cama alquilada, así que por el momento la lista de cosas que me faltan antes de morir se reduce y se vuelve cada vez más mortal, más humana, digo. Ya no anoto en mis sueños antes de morir que un día ganaré el Nóbel de Literatura, ni me muero por escribir un guión tan impresionante que lo adapten para una película y gane el Óscar. Ahora sé que más temprano que tarde me voy a morir, así que por cuestiones de tiempo (esa ficción tan amada por nosotros los humanos), mi sencillita lista de cosas por hacer antes de morir ahora se lee así:
1.Filmar un largometraje con una idea original.
2.Publicar todos mis cuentos en un solo libro.
3.Irme a vivir a un municipio del interior del país, en un lugar donde no haya energía eléctrica, ni teléfono.
4.Abrir un negocio multidisciplinario. (Pupusería - Cibercafé - Oficina Jurídica - Casa Editorial - Iglesia Cristiana - sucursal de Variedades Génesis).
5.Dejar de pensar en quedar bien con toda la gente.
6.Asistir a un concierto multitudinario mensualmente. (Quizás así se me quite la aversión a las grandes cantidades de gente).
7.Viajar a París y hacer el recorrido del Louvre en la menor cantidad de tiempo, como en Bande à Part. 


Nosotros

Vos y yo venimos del futuro, caminando sobre los escombros, recuperando recuerdos, juntos.
Nos movemos entre la destrucción porque sabíamos desde siempre que era necesaria destruir(nos), para poder reconstruir(nos). 
Vos hacés dibujos de lo que puede ser de la nueva tierra después de ordenar los escombros. Y tenés miedo. Y sabés que es necesario tener miedo. Porque el futuro es siempre lo más peligroso que tiene el tiempo, hasta que sabés como lo vas a pasar. Sonreís. 
Caminás haciendo pausas para pensar en todo lo que dejamos atrás. No hay prisas, no hay tiempos, no hay nada. Creás lo que vas pensando y eso basta para saber que vos y yo venimos del futuro porque era todo lo que necesitábamos.
The city sun set over me.

martes, 30 de julio de 2013

Leer

Sobrevivir al estresante viaje diario de cada mañana en la 101 D. Pensar en la poca esperanza del mundo. Saber que dejaste de soñar las cosas grandiosas de hace años. Querer escribir en gerundios. 
Perder la fe y seguir parado viajando junto a esos otros 85 sudorosos salvadoreños madrugadores que decidieron subirse a la modernidad de nuestro sistema de transporte público, porque simplemente no tienen, no tenemos, otra opción.
Logro sentarme, y se me ocurre leer la antología de cuentos de Javier Marías que estoy leyendo, y no paso de la ocurrencia porque siento demasiado sueño. Trato de dormir sentado, como una habilidad que tengo desde hace algunos años, y que estoy mejorando a tal grado que casi puedo dormirme parado en el bus. 
Siento que muero de sueño. Cierro los ojos y cuando los abro estoy unas 3 paradas después. Veo a todos lados y el bus está vacío por primera vez. Algunos asientos reclaman gente que sigue el mismo viaje que yo. 
Y entonces me siento maravillado. En el asiento de adelante un señor lee un libro. En el asiento de al lado una muchacha lee un libro. En otro asiento un señor lee el periódico. Me animo al darme cuenta que a la gente aún le interesa leer.
Y entonces me tomo el tiempo de leer lo que lee cada quien. El señor del periódico está asustadísimo leyendo sobre el conflicto en Siria. Le dice a su vecino de asiento que no entiende porque la gente se mata en todos lados.
La muchacha que lee lleva "El Secreto", y hace pequeños puntos con una pluma roja en alguna que otra frase. 
El otro señor va leyendo un libro que no logro identificar, pero si leo el capítulo: "Como mejorar su actitud". 
Entonces pienso, ¿por qué el salvadoreño lee eso? 
Pienso en lo que deberíamos, lo que necesitamos, lo que tenemos, y lo que queremos leer. Son todas cosas distintas. A veces creo que como parte de nuestra naturaleza nos toca leer libros de superación personal, porque hemos vivido demasiado tiempo enredados en el victimismo. Ensimismados en una sociedad que se hunde día a día. Y los que no se quieren hundir hacen lo que sea por escapar, hasta disfrazarse de élite intelectual. Porque tienen miedo.
Siento que estamos obligados a leer los mismos libros. Los que poco nos van a dejar. Y no, ya no basta simplemente leer en el bus. Importa mucho qué leés. 
Pero los problemas son cíclicos. Vuelvo a pensar que no hay esperanzas. Siento el libro pesándome mucho en el maletín, junto a mi almuerzo. Cierro los ojos, duermo. Quizás sueñe con la libertad, la esperanza, con el fin. Lo que pase primero. 

domingo, 21 de julio de 2013

Lo que me enseñó Monsters University





Vi Monsters University y sentí que en algún momento vas a sentir que no tenés futuro en lo que te gusta, que tus sueños no se van a cumplir, que tenés que rendirte y "move on" a otro sueño, porque la vida es así. Quizás soy una persona que va anotando demasiado los fracasos, pero eso sentí, que te dicen que tus sueños son algo bueno en que creer, pero no se van a cumplir siempre. Hay que ser realistas y enfrentar el reto de encontrar un nuevo sueño que si podás cumplir. Como cuando a un amigo le dijeron que dejara de estudiar Medicina porque lleva 10 años y no ha pasado a 5to año, o como cuando un conocido me dijo que llevaba 5 años en los mismos trabajos porque se había dado cuenta que no iba a poder tener un trabajo mejor. 
Soy pesimista e imagino que la lección es esa, sos el outcast, el que no va a tener éxito. El que estará rodeado de personas que lograron sus metas, por lo que sea, por tu apellido, tus conexiones sociales, tu fama, nunca por lo que tu sueño representaba. Aún así, en el fondo quiero creer que en efecto, si no lograste cumplir un sueño no es suficiente razón para dejar de soñar. 

Y así termina el pequeño monólogo después de ver Monsters University. 
Moviéndonos a temas más serios, soñar.

DOG

Ayer encontré este cómic.







Y para eso sirven los cómics. 
Con su permiso, voy a abrazar a mi perrita. 

martes, 16 de julio de 2013

Las canciones perdidas

Existe un lugar en el infierno ese en el que todos creen, reservado precisamente para aquellos que repiten la canción que le dedican a una mujer. 
Probablemente te equivocás y le hablás a una mujer en el 2011 de una canción que le dedicaste a alguien en el 2005. Pero si sos de ese tipo de personas que llevan la cuenta exacta de las canciones y sus títulos, será imposible repetirlas. 
Todos hemos dedicado una canción y queda en la vida como una anécdota bonita. La mayoría de veces es así. Y sucede que a veces lo hacemos sin pensarlo y a veces de la forma más premeditada. Pero, ¿cuántas veces hemos desperdiciado una canción?
Una canción que dedicaste y ahora ya no significa nada para quien se la dedicaste es una canción perdida. 
En la vida, puedo decir que recuerdo muchas canciones dedicadas y las que recuerdo más son las que significaron algo muy fuerte y aún son importantes para mí. Esas canciones son irrepetibles y quizás hasta se vuelven un recuerdo en sí mismas.

Jamás olvidaré por ejemplo, del pasado y que no repetiré:
"Don't go away" de Oasis.
"Everything" de Michael Bublé.
"Les Deux Pianos" de Yann Tiersen.
"She's so high" versión de Everclear.
"Dizzy Miss Lizzy" versión de los Beatles.
"Todo se transforma" de Jorge Drexler.
"Mi guitarra y vos" de Jorge Drexler.
"God only knows" de Beach Boys
"Songbird" de Oasis
"5 years time" de Noah and the Whale
"After Hours" de la Velvet Underground

Y por vos, jamás voy a repetir:
"Home" de Edward Sharpe and the Magnetic Zeros.
"If she wants me" de Belle and Sebastian.
"The Luckiest" de Ben Folds.
"Bello abril" de Fito Páez con Spinetta.
"Par" de Pedro Aznar.
"Tu amor" de Pedro Aznar y Charly García.
"Flowers in the window" de Travis.
"Close to you" de los Carpenters.
"La Felicidad" de Bushido.

Y las que faltan.

Y usted, ¿cuántas canciones ha perdido? ¿cuántas desperdició?, ¿cuántas jamás repetirá?


Metáfora final

Caminar frente a la Sociedad Protectora de Animales de El Salvador y darse cuenta que justo a la entrada hay un pequeño perro rodeado de moscas, tirado después de su muerte, para que se pudra entre la basura. 
Darte cuenta que vos, igual que el resto de personas que pasan, solo te tapás la nariz y seguís caminando. Volteás y ves que alguien lanza cartones sobre el perro. No hay que verlo. NO HAY QUE VERLO. 

Las moralejas se sacan solas.

lunes, 1 de julio de 2013

Juegos Paralelos

Contar cuantos de tus compañeros de primer grado juegan a policías y ladrones. Mucho antes del boom de las maras. Ahora jugarían a policías y mareros.
Contar cuantas compañeras prefieren jugar a ese raro tipo de rondas.
Contar cuantos niños no juegan.
Sentarte solo a hacer cuentas en el patio durante el recreo.
Jugar con ellos pero sin ellos.
La maravilla de no pertenecer.

Mortal

Hace 3 años releí a Roque en aquel verso que decía que es una cosa jodida tener 27. Y uno es tonto y se relaciona con cualquier cosa que ama.
Hace 15 años tenía un plan de vida. Me graduaría de 21, conseguiría trabajo a los 23 en el sistema judicial, y a los 26 ya sería secretario. A los 30 estaría por ser Juez. No, es que no era tonto, era lo que le sigue.
Igualmente, cuando tenía 10 años mi abuela quería que entrara a un seminario. Y lo pensé un poco. 
Y todos eran planes tontos.
Y tuve sueños tontos.
Ahora, cuando ya me convencí que no soy el personaje que alguna vez de niño pensé que sería, me alegra ser quien soy. No porque me conformo, sino porque cada vez necesito menos para sentirme lleno. 
Ya no me preocupa tener tantas cosas por escribir. El consejo que me dieron en el 2006 era correcto. Lo importante era vivir.  Y ahora vivo más, siento más y soy alguien más lleno. 
Sigo con intenciones de hacer más cosas, aunque no me duele no poder hacerlas ahora. Tengo confianza, que es lo que me faltó mucho tiempo. No la confianza que te da el ego, sino aquella confianza que te dice que vas por el camino correcto. 
Y poco más necesito ahora. 
Soy un mortal en paz. Sigo soñando, sigo imaginando, pero sin desesperación. ¿Para qué desesperarme?