lunes, 30 de mayo de 2011

Seguir contando

En la acera frente a Metrocentro muchas personas se sientan a pedir limosna. Yo camino a tomar el bus a Santa Tecla y veo a la señora que me pide una moneda, la que sea mi voluntad, mientras tiene un cuaderno en el piso y escribe con un bolígrafo azul. Saco una moneda porque de pura casualidad ando, y además porque sus problemas motrices me parecen reales, aunque estoy acostumbrado a ser engañado con facilidad.  Le doy la moneda y me bendice, me dice que todo me irá bien, me agradece. No puedo evitarlo y le digo ¿Que es la cuenta que lleva?  
En su cuaderno engrapado y con bolígrafo azul el último número es el 234. Para llegar al 234 veo antes 229-230-231-232-233...
Ella sonríe y dice: " Tengo que saber hasta donde llegan. Hasta donde seguir contando." 
Puro, bello, simple. 

lunes, 23 de mayo de 2011

Pobre Zorro

Una vez me dijo alguien que el personaje del Zorro en el libro que ahora se ha convertido en obra de culto para muchísima gente que ni siquiera lo lee en el corazón, y vive totalmente contrariando lo que subyace en el libro, era el personaje que daba como más tristeza.
Al revisar un poco y recordar, es cierto. Ningún personaje es tan triste, patético y emblemático como el zorro. Toda la vida uno se la pasa encariñándose con el Principito o su rosa, o el piloto.  El personaje que muestra todos los secretos puede ser la serpiente, pero no, no y no. 
El zorro es patético. Imagínese usted como en el fondo todos somos el zorro. Todos en esa eterna búsqueda: "Domestícame". Uno es como el zorro. Uno se la pasa rogando cariño.
Creemos que llevamos una vida simple y feliz porque somos como el zorro, hacemos aquello que tenemos que hacer. El zorro sabe que caza gallinas y los hombres lo cazan. Es la naturaleza.
El hombre sabe que debe vivir su vida como una rutina. Y ambos, nosotros como el zorro, sabemos que en ocasiones la única salida es ese vínculo, ese "crear lazos".  Y somos como él, comenzamos a vivir buscando que alguien nos domestique. Quizás somos tan patéticos como el zorro. Quizás es insuficiente la rutina de la vida. 
Tratamos de darle un sentido a todo y repetimos que hay cosas que se deben ver con el corazón aunque nos la pasemos viendo con los ojos.
No nos queda más que seguir pidiendo ese cariño y creando lazos. Quizás un día nos domestiquemos todos.

B

Benito bebiendo brevemente blancas botellas batidas,borbotando.Brindemos.
Bombas bloqueaban brillantes balas batiendo bellas brisas.
Bonita batalla.

jueves, 19 de mayo de 2011

La Sra Matute

Ella tiene razón aunque no parezca lógico.
Es miembro, letra, de la Real Academia Española. Ana María Matute ganó el Cervantes el año pasado.
Ella usa mucho el pesimismo, lo cual da a sus novelas y cuentos una sensatez más clara que la realidad de la vida. "La enajenación, la hipocresía, la desmoralización y la malicia", son características que comúnmente son fáciles de encontrar en sus obras. 
El asunto es que en la entrevista que le hicieron para CNN en español ella dijo algo que me llamó la atención:
"Hubo un lapso de 20 años en los que no pude escribir. Estaba demasiado deprimida. Uno cree que la depresión requiere un motivo, pero no es así. Yo tenía una buena familia, un buen trabajo, tenía éxito en lo que hacía, pero no pude seguir escribiendo, estaba deprimida." 


"Si no hubiese podido participar del mundo de los cuentos y si no hubiese podido inventarme mis propios mundos, me habría muerto."
Me voy poniendo viejo y Ana María Matute sigue teniendo razón.

viernes, 13 de mayo de 2011

Inocuo

Son las 8 de la noche. En mi casa ven la novela de turno mientras yo veo la película que tocó en orden. Porque lo pongo todo en listas y ordené mis películas en orden de preferencia para verlas todas seguidas.Primero vi El Padrino. Ahora tocaba ver El Padrino Parte II.

Ahí, sentado solo y pensando que no he hecho nada. Pensando que probablemente las cosas que hago no sean tan buenas y que muchas personas tienen además del derecho, toda la razón de menospreciarme.

Y veo esto.


Una madre ruega que no maten a su hijo, el pequeño Vito, porque a diferencia del resto de hombres de su familia, asesinados por la mafia local, es débil.

"Perdónele la vida. Es un niño, débil, inútil. Ni siquiera habla con nadie. Jamás podrá hacerle daño."

El jefe de la mafia dice que no le puede perdonar la vida. Decide que lo maten. La madre toma un cuchillo y lo pone en el cuello del jefe de la mafia y le ordena a Vito que escape. Vito logra escapar, aún viendo como su madre es asesinada a unos metros de él.

Vito escapa y abordo de un barco llega a América. Ahí le cambian el apellido a Corleone. El resto es historia.


Moraleja.

Nunca subestime al débil, inútil y callado.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Paradoja Nº 6

Estás en un punto.  Tenés la opción de volver y lo hacés. Luego avanzás al punto inicial y volvés a tomar la opción de volver.
¿Volvés al punto de partida o volvés a cuando estabas por volver?
¿Volver a volver es volver al principio?
¿Volvés a volver, cuando has vuelto donde querías volver?
Volver es un proceso infinito.

Otro aniversario

Podía decir todo lo que ya dije sobre Roque Dalton, llenar la página de los motivos por los cuales no debe ser ignorada su lectura, decir por ejemplo, que su poesía es de estudio obligatorio, y que nadie debería intentar emular sus estructuras o faltas de estructuras literarias. 
Por eso no me cuesta nada dejarles un poema de él, que es la mejor manera que tiene de hablar.

LOS LOCOS
A los locos no nos quedan bien los nombres.

Los demás seres
llevan sus nombres como vestidos nuevos,
los balbucean al fundar amigos,
los hacen imprimir en tarjetitas blancas
que luego van de mana en mano
con la alegría de las cosas simples.

Y qué alegría muestran los Alfredos, los Antonios,
los pobres Juanes y los taciturnos Sergios,
los Alejandros con olor a mar!

Todos extienden, desde la misma garganta con que cantan
sus nombres envidiables como banderas bélicas,
tus nombres que se quedan en la tierra sonando
aunque ellos con sus huesos se vayan a la sombra.

Pero los locos, ay señor, los locos
que de tanto olvidar nos asfixiamos,
los pobres locos que hasta la risa confundimos
y a quienes la alegría se nos llena de lágrimas,
cómo vamos a andar con los nombres a rastras,
cuidándolos,
puliéndolos como mínimos animales de plata,
viendo con estos ojos que ni el sueño somete
que no se pierdan entre el polvo que nos halaga y odia?

Los locos no podemos anhelar que nos nombren
pero también lo olvidaremos.

viernes, 6 de mayo de 2011

Protagonista

A veces sueño. La mayoría de las veces.
A veces vivo. No me doy cuenta de la diferencia.
Resulta que siempre me he soñado en diversas circunstancias. Sueño clásicamente que voy cayendo. Nada más aburrido como despertar y saber que seguís ahí, tirado en la cama con la vista al techo.
Luego, recuerdo que siempre he tenido ese sueño recurrente de ir caminando por un callejón mientras siento que alguien me persigue lentamente y no puedo dejar de voltear. Nunca veo a nadie. 
Sueños los he tenido por miles, como todos ustedes. Sueño que beso diferentes mujeres. Ah, se sorprenderían de saber a quienes he llegado a besar en mi sueños. No me da vergüenza, son cosas que suceden. 
Sueño igual con cosas abstractas. Ya he soñado como si estuviese en el video de Puente, el de Cerati, lo recuerdan? En esa parte que se baja del "táxi" improvisado en una cabina de helicóptero. 
Una vez soñé que me caía de una escalera y me levantaba en el mismo punto donde me había caido.
Así, he soñado casi de todo. 
Lo más raro que soñé fue que estaba encerrado en una caja. Y la gente lloraba. Y un gran amigo mío decía: "No te da vergüenza, Raúl? Morir a los 40, sin haber hecho nada de tu vida?" Y jamás se me olvidó.Ese fue mi sueño más raro. Hasta el que les voy a escribir.
Soñé que estaba caminando en una biblioteca. No sé qué libro llevaba en mis manos. Me veía más alto. Llevaba un traje negro con rayas grises.
Pasé frente al mostrador para entregar el libro, hice un ademán como de molestia y salí de ahí.
Al salir, estaban mis amigos afuera y me preguntaron, llamándome por mi nombre, si había encontrado lo que buscaba. Dije: "Nunca voy a terminar de encontrar. Nunca voy a terminar de buscar." Y desperté.
Es el más raro por dos circunstancias.
1. Es la primera vez que me recuerdo soñado en tercera persona. Siempre vivo mis sueños. Este no.
2. En el sueño, yo no era yo. Alguien más era yo. Tardé horas pensando quien era. Ya lo había visto antes.
Y me di cuenta quien era. 
Era uno de esta foto.
Y como en la película, I knew it was you. 
Fredo.
Ignoro cómo fue, pero Raúl en mi sueño era John Cazale. El actor que le dio vida a Fredo en las películas de Coppola sobre la familia Corleone. 
No supe si tenía que ver con sus representaciones de hombre volátil, vulnerable, vacilante y casi inútil. No tenía nada que ver con que fuera el hombre con el record de "todas mis películas fueron nominadas al Oscar de Mejor Película."
Nunca terminaré de entenderlo.
Al menos Al Pacino dijo sobre Cazale que «Una de las cosas que me fascinó de John Cazale... fue que había una tremenda tristeza en él. No se dé donde venía; no me gusta invadir la privacidad de los actores con los que trabajo, o meterme dentro de sus asuntos. Pero, Dios mío, esa tristeza estaba allí, en cada toma de él. Y no solo en esta película, también en El Padrino II.» 
Ahora, nada más sé que si llego a hacer, gracias a la imaginación, que es lo único que me queda, una película sobre mí, John Cazale la protagonizará. Con toda seguridad.

sábado, 30 de abril de 2011

Al fin lo encontré

Había pasado casi una semana dándole vueltas a mis papeles, a mis libros de Roque Dalton, a mis recuerdos, mis charlas, sin resultado alguno.
Parecía inútil. Fue inútil. Ahora, gracias a la colaboración de los amigos, pude encontrarlo.
Este es el poema que buscaba, para que alguna vez lo leyeras.

Ya ves como


Ya ves cómo de todo lo que esperabas
ayer en las tertulias de la Facultad
sólo has venido a ser el gran amor del exiliado.
Tú que ibas a irte con los príncipes
de fiesta por Europa que ibas a heredar
a tres o cuatro viejos honorables
tú la del coche envidiado y el traje de piel olorosa
pero sobre todo tú la de los ojos más bellos
en toda la extensión de la ciudad
ahora estás dormida
en los brazos del pobre solitario.
Yo veo la crucecita brillante en tu pecho
mi retrato de Marx en la pared
y creo que la vida a pesar de todo es bellísima.
(Roque Dalton)

Hay que seguir muriendo

No se puede dejar de morir.
Uno se despierta y pasa lo que tiene que pasar. Sobre todo en este país.
Uno vive y sabe que muere poco a poco, como debe ser.
Y era una semana de muerte.
Uno más que pasa.


Mientras tanto, a seguir muriendo poco a poco y dejar lo que se pueda.
Nada parece tener ni rumbo ni sentido.
Feliz viaje Ernesto Sabato.
"Creo que la esencia de la vida consiste en ser fiel a lo que uno cree su destino".

lunes, 25 de abril de 2011

Burla burlando van 6 delante *

Yo creo que comencé a morirme desde muy joven. Mi vida siempre ha estado unida a la muerte. Antes de los 15 años ya habían muerto 4 familiares. Pero aunque murieran más y más, comencé a sentir la muerte, al tercero. Cuando murió mi padre comencé a saber lo que dolía la muerte. Era profundo, como cuando te inyectan y apenas sos un niño de 4 años. Como cuando te llenan de anestesia en tu primera operación. Al principio siempre sentís, pero poco a poco el dolor se va.
Luego, me dí cuenta que había gente con la que me seguía muriendo un poco. Me pasó primero con la muerte de Sinatra en el 98. Tenía entonces quince años y me morí. Poco a poco murieron más de los magos que van dándole un poco de sentido a la vida. A veces se me olvidaban por meses hasta que aparecían muertos, inoportunamente, como mueren los genios. Siguió Kubrick y no pude evitar sentir que algo más se iba quedando. Pasó un año, y en el 2000 murió Menéndez Leal, y jamás pude dejar de sonreir con sus ironías en las entrevistas y las maravillas de sus cuentos. De alguna manera estaban siempre allí, pero como las viejas fotos que con el tiempo se ponen amarillas o como los poemas que sólo quedan vagamente la memoria.
El cuarto fue don Mario Benedetti. Fue hace un par de años. Y así sucesivamente me doy cuenta como me voy muriendo en secciones de mi alma. Como primero en el 98 se me murió algo que parecía eterno.
Sinatra, Kubrick, Menéndez Leal, Benedetti, el penúltimo Saramago, y ahora, a las 4 de la mañana de acá, cuando no lograba dormir y en mis redes sociales escribía cosas que ineludiblemente hablaban de la muerte, de mi muerte, murió don Gonzalo Rojas, entre el rumor de la vida cotidiana y el eterno olor de sus poemas.
Ahora solo sé que tengo que escribir. No sé para que. Ni sé qué decir. Solo sé que tenía que escribir esto. Porque a veces uno puede querer llorar y hasta hacerlo, por alguien que jamás conoció, pero con quien muere un poco nuestra alma. Por eso es que no puedo llorar, porque la lágrima se me ha quedado atrapada al borde del ojo, como si quisiera quedarse para siempre, como presagiando que el llanto de ese tipo es interminable.
Voy a seguir escribiendo, como siempre, pero por sexta vez menos vivo.

"Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra
de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar
trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una,
a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso."

martes, 19 de abril de 2011

Personaje

Darse cuenta que uno es un personaje no es algo sencillo. Falta un poco de valor, de ese que le han agregado entre líneas.
Al principio, todo era normal. Yo podía ir de un lado a otro, como la vida prediseñada para todos. Comía lo que tenía que comer, caminaba como debía caminar, era como debía ser. La conciencia de plenitud necesaria para vivir, era lo único que siempre me faltó. Sabía que algo andaba mal.
Sabía que cada instante de realidad lo podía ver como un espejo que se cubría de sombras. Como un día de ventanas veladas hasta el infinito. Nunca entendía como era que nunca podía recordar mis sueños, como a veces llegaba a un lugar sin saber para que, estaba sin estar y vivía sin vivir. Comencé a notar que los demás eran iguales a mí.  Distintos a mí. Y no tenía sentido.
Repentinamente cantaba algo o me ponía a escribir algo. Mi signo era cuestionar. Cuestioné mi nombre, mis gustos, mis pensamientos.
Tuve amigos. Tuve una familia.
Nunca comprendí a quien se le ocurrió crearme. No era nada valioso que alguien de la nada decidiera lo que sucedería en mi vida. Pensé en la primera vez que recordé algo. Pensé en la primera vez que pensé algo. Pensé en pensar lo que había pensado antes. Pensé en lo que debería pensar. Nada tenía sentido.
Pensé que podría ser cualquiera, mis amigos, mi familia, la gente que encontraba en el camino. Me dijeron que era un problema psicológico, pero no quise creerlo. No era posible. No tengo Síndrome de Cotard. Era nada más que nunca le encontré sentido a todo lo que sucedía. Me sentí atrapado. 
Comencé a coleccionar calendarios, busqué historias, leí periódicos, pregunté a sabios, me llené de todo lo que me hizo comprobar que no era más que un personaje.
Pensé que la solución era encerrarme a preguntarme lo que sucedía.
Me llené de valor y me vi al espejo. Esperaba una respuesta.
Salí de casa y busqué. ¿Ya les dije que mi signo es buscar?
Repentinamente pensé que nada podía ser la idea que estaba en mi mente. No puede ser que alguien haya premarcado toda una vida, todas unas vidas, decidiendo donde nacería, comería, viviría, estudiaría, amaría y eventualmente moriría. Era imposible. Una puta barbaridad.
Pensé que si eso de verdad sucediera, lo peor que podría pasar sería salir del destino premarcado. Pero no había forma de saberlo, no la había. Me senté y lloré. Era una fatalidad innecesaria. Era una burla. Una broma infinita como el mundo. Un juego del que era parte desde el inicio sin que pudiera renegarlo. Incluso saberlo, darme cuenta, era parte del juego, de la vida, del cuento. 
Y no podía ser. No me da la gana que sea así. No me da la gana. Si es así, que el muy hijueputa que se le ocurrió crear todo lo que me está pasando, que venga y se decida a borrarlo. Porque no haré más. No me importa. No importa si su cuento dice que me pasan más cosas. Esta vez no. Esta vez nada más iré a encerrarme a mi casa y nunca salir. No puede seguir un cuento así. No puede ser más cabrón. 
Me encerré y dejé de pensar. Nada más importa. Cuando quiera darse cuenta que no seguiré la línea, deberá venir y hacer lo que tenga que hacer con mi personaje. Quizás lo mejor sea borrarlo, borrarme, elimi...